viernes, 29 de mayo de 2015

De cuando se temía al mormón tanto como al vampiro...





En 1922, mientras el 'Nosferatu' de Murnau aterrorizaba a medio mundo mostrando las horripilantes correrías de un insaciable vampiro centroeuropeo por Londres, otra película llenaba de angustia y pavor al respetable público británico: 'Trapped by the Mormons', versión libre de la exitosa novela 'The Love Story of a Mormon' de Winifred Graham, coautora también del guión y una de las grandes líderes de la cruzada antimormónica que se vivía entonces en la sociedad británica, y que venía de décadas atrás (no olvidemos que la primera y exitosa aparición de Sherlock Holmes tuvo lugar en la novela 'Estudio en escarlata', en la que la rama danita de los mormones tiene un papel decisivo como villanos).

En la película, dirigida por H.B. Parkinson, se relata la historia de las jóvenes ingenuas y virginales británicas que eran supuestamente captadas (un eufemismo para no decir 'seducidas') por 'malvados' mormones para llevarlas a la remota Utah como una de sus varias esposas, donde servirían como verdaderas esclavas de sus maridos... Una visión de la época de lo que hoy llamaríamos 'trata de blancas'... Para llevarlo a cabo, y según era la creencia popular en la sociedad victoriana de la época, los hombres mormones poseían de un poder inigualable, "un magnetismo sexual comparable al hipnotismo a cuyos efectos no podían resistirse las piadosas mujeres británicas". Casualmente las mismas propiedades de control mental que la tradición y la literatura atribuyen a los vampiros (que son, también fervientes defensores de la poligamia, como el mismísimo Drácula) y de la que 'Nosferatu' es también un buen ejemplo.

No hay más que ver la mirada obsesiva -luego copiada por actores como Bela Lugosi en sus draculinas intepretaciones- con las que el malvado protagonista, Isoldi Keene (foto 2), interpretado por el expresivo actor británico Louis Willoughby en el que sería su último film, controla y manipula cual autómata o marioneta a la virginal Norma Prescott, a la que da vida la entonces muy popular actriz Evelyn Brent (foto cuatro), una preciosa chica de talla menuda y natural de Florida, experta en representar mujeres de las más diversas procedencias, como su heroína española Mañuela (sic), la racial protagonista de 'The Spanish Jade' rodada ese mismo 1922 en nuestro país, o sus habituales papeles de rusa, por no hablar de la exótica Shanghai Lil del serial 'Jim de la Jungla', adaptación del excelso cómic homónimo de Alex Raymond y uno de los héroes más populares de entonces,. Una pena de que hoy se la recuerde más como esposa de su tercer marido, el popular cómico y bailarín de revista Harry Fox (nombre artístico de Arthur Carringford), que ha pasado a la historia por la invención de un animado baile al que dio nombre: el Foxtrot...

Nada en 'Trapped by the Mormons' es casual. El pérfido protagonista, aunque de apellido estadounidense, se llama Isoldi por ser un nombre de reminiscencias rumanas o húngaras, orígenes asociados a los vampiros... (poca gente recuerda que Transilvania perteneció al Reino de Hungría, y como parte de éste, al Imperio Austrohúngarohasta que fue desgajada y entregada a Rumanía tras el abyecto Tratado de Trianón a la conclusión de la Primera Guerra Mundial). La película fue todo un éxito en el Reino Unido, a pesar de las quejas de la comunidad mormona del país, que, en una gran lección de pragmatismo, aprovechó la gran controversia y expectación levantadas para practicar su apostolado en la misma puerta de los cines entre el público que acudía a las proyecciones, para que comprobaran lo poco que tenían que ver en realidad con esos 'pseudovampiros' con que se los identificaba. Así se ve en la primera foto, en la que tres 'apóstoles' mormones posan junto al cartel de la película a la entrada de un cine en Inglaterra.

El filme, que sí se exhibió en el Canadá, fue, sin embargo, prohibido en Estados Unidos, para evitar desórdenes y actitudes violentas contra los mormones, además de las denuncias de estos. Su gran éxito llevó a rodar una segunda parte al año siguiente: 'Married to a Mormon', de nuevo con Evelyn Brent en el papel de otra ingenua jovencita británica de gran fortuna que tras casarse con un mormón viaja con él a Utah, donde su marido contrae un nuevo matrimonio y se desata la tragedia...

'Trapped by the Mormons' fue reestrenada con otro título aún más alarmista y denigrante, si cabe, 'The Mormon Peril'. Hoy día, superada la controversia, la película es vista a menudo por el público mormón como cualquier película cómica de cine mudo...las carcajadas no faltan en cada proyección...   En 2005, un grupo de jóvenes actores rodó una nueva versión, también en blanco y negro, de tan singular clásico silente a modo de parodia... pero eso ya es -Kipling dixit- otra historia...

viernes, 10 de abril de 2015

El plateado retazo de la más noble causa





Gracias a mi admirado Miguel Ángel Hernández Navarro me entero que esa maravilla con patas que es el British Museum ha elaborado una lista de 100 objetos http://www.teachinghistory100.org/ y obras de arte de uso más bien cotidiano con los que pretende explicar, de una manera tan didáctica como original, toda la historia de la Humanidad...

Y hete aquí que, entre ese centenar de piezas escogidas, se encuentra la 'canteen' (juego de cubiertos) de plata que llevaba consigo Bonnie Prince Charlie el 16 de abril de 1746 durante la Batalla de Culloden, cuyo cruel desenlace marcó el fin de la causa jacobita y cambió para siempre la historia del mundo como lo conocemos, sin Ministerio del Tiempo que pudiera evitarlo, y de la que ya hablamos aquí largo y tendido en su día http://horapensar.blogspot.com.es/…/16-de-abril-el-dia-que-…, y que fue capturado por su orondo y odioso primo, Guillermo Augusto, Duque de Cumberland, hijo de Jorge II y general en jefe de las tropas enviadas a reprimir a sangre y fuego en las Highlands la intentona legitimista de los Estuardo.

Con ella, los sesudos eruditos britishmuseísiticos quieren abordar conceptos tales como la Inglaterra georgiana, la relación entre gobernantes y gobernados o los conflictos armados, el origen y desarrollo de la rebelión jacobita, la gran trascendencia de lo acontecido aquella funesta jornada en Culloden Moor, y sus gravísimas consecuencias para Escocia que provocaron que, aún hoy, vivan allí menos personas de las que hay repartidas por el resto del mundo con ancestros escoceses...

La pieza, realizada en 1740-41 en plata el taller en Edimburgo del reputado orfebre Ebenezer Oliphant, que junto a su padre y su hemano también se sumó al ejército rebelde del joven príncipe Estuardo. un total de 31 piezas ricamente labradas integran el conjunto agrupado en su funda de plata decorada con el escudo de tres plumas del Príncipe de Gales, tal y como era considerado por los jacobitas Bonie Prince Charlie desde su nacimiento en el exilio en 1720, y con la Orden del Cardo de los reyes de Escocia.

En total, dos vasos de plata y un pequeño 'quaich' o copa ritual escocesa de dos asas http://horapensar.blogspot.com.es/…/de-aquellas-bodas-viene… , dos juegos completos de cubiertos quep ueden separarse en dos piezas para su almacenaje en la funda, un salpimentero, un rallador de la entonces preciosa nuez moscada y un práctico sacacorchos. Entregado por el Duque de Cumberland a George Kepple, uno de sus ayudas de campo y posterior conde de Albemarle, se conservó en el seno de su familia hasta 1963. En 1984, para evitar su venta y salida del Reino Unido, fue adquirida por suscripción popular por el Museo Nacional de Escocia en Edimburgo, donde continúa expuesto. Apenas un plateado retazo de la gloria a la que aspiraba y se merecía la noble causa jacobita...

jueves, 6 de noviembre de 2014

El saludo fascista, el hijo menos conocido de la Revolución Francesa














Poco o nada se estudia en las escuelas y universidades del impacto y gran inflluencia que la Revolución Francesa y la posterior 'Experiencia Napoleónica' tuvieron en uno de los símbolos más identificables del fascismo, el nazismo y el franquismo, como es el saludo del brazo en alto tomado de los romanos. Asociado a un juramento (es decir, a cumplir con la verdad y lealtad, en el caso de quien alzaba el brazo) desde tiempos de la República romana, fue retomado por los revolucionarios franceses como símbolo de lo verdadero de su causa y su compromiso de llegar hasta el final por la misma. Así nos lo refleja el propio Jacques-Louis David, a quien debemos buena parte de la memoria gráfica de aquel gran acontecimiento histórico. David ya empleó esta fórmula en su famoso cuadro 'El juramento de los Horacios' (1784) (foto1), sin duda inspirado por una escultura similar a la del Augusto encontrado en 1863 en la Villa Livia de Prima Porta, a las afueras de Roma, prestando juramento a a la memoria de su tío y antecesor en el poder, Julio César (foto2), y en los relieves de la Columna de Trajano (foto3) donde algunos legionarios prestan así su fidelidad al emperador de origen hispano durante su ardua campaña para la conquista de la Dacia.

A David le gustó la fórmula, y recién triunfada la Revolución, cuando las autoridades del nuevo Régimen le encargaron en 1791 el cuadro que tendría que mostrarle al mundo cómo fueron aquellos momentos decisivos del llamado  'Juramento del Juego de Pelota' en el que los 577 representantes del Tercer Estado, una vez convocados los Estados Generales en junio de 1789, se reunieron el día 20 de los corrientes en esta especie de pabellón donde los parisinos más pudientes jugaban a un deporte antepasado del actual tenis, y crearon la llamada Asamblea Nacional, con un juramento colectivo por parte de casi todos (sólo se opuso uno) "los diputados del pueblo, expulsados de la sede ordinaria de sus sesiones" que juran "no separarse de ninguna manera hasta que no hayan dado una constitución a Francia", y ellos, tal y como reza en la placa conmemorativa de aquel hecho, "cumplieron con su palabra".  David sitúa pues, en su famoso cuadro (foto4) a los diputados protagonistas jurando con su brazo en alto cual sus Horacios... un gesto que luego adoptó también el escultor Leopold Morice para la pequeña escultura en bronce conmemorativa del histórico momento que realizó en 1883 (foto5).

Otro momento clave es el famosísimo cuadro de David en el que el joven (y victorioso) cónsul Bonaparte, a sus 32 años, cruza con su ejército los Alpes para derrotar a los austriacos en Italia en beneficio de Francia (rapiñó para su país todas las obras de arte y tesoros que pudo) y de la causa revolucionaria (foto6). La creación del mito, tras la gran victoria en Marengo, ya estaba en camino, y Napoleón es mostrado a caballo saludando a su ejército brazo en alto, de manera casi idéntica a cómo presta su juramento la escultura de Augusto, sin el tradicional bastón de mando asociado hasta entonces en las representaciones artísticas de los generales y reyes que mandaban tropas... Paradójicamente, este cuadro fue un encargo del rey español Carlos IV al embajador francés en Madrid para su palacio real, como testimonio de la alianza establecida por Godoy en nombre de España con el Primer Cónsul francés. Y en España estuvo semejante maravilla hasta que José Bonaparte, entonces rey José I de las Españas, puso pies en polvorosa en 1812 y se llevó con él el cuadro, que le acompañó en su exilio estadounidense , quedando en posesión de su familia hasta que su gran sobrina nieta Eugenia  Bonaparte la donó al Estado francés. A David, y a Napoleón, le gustó tanto el cuadro, que se hicieron otras cuatro copias, una de ellas para el propio autor, y que tras mil avatares a causa de las guerras y los cambios políticos y territoriales vividos en Europa desde entonces, descansan en Versalles (2 copias), Berlín y Viena.

Una vez triunfó esta fórmula artística de representar los juramentos públicos más solemnes, era sólo cuestión de tiempo que fuera adoptada por otros autores... tal sucedió, como es lógico con uno de los más talentosos discípulos de David, Pierre-Claude Gautherot, ya en pleno periodo imperial napoleónico, pintó en 1808 una escena para glorificar al pequeño corso, su famoso 'Arenga de Napoleón al Segundo Cuerpo del Gran Ejército antes del ataque a Augusta (Augsburg, en el topónimo original alemán, aunque nótese la curiosa asociación del nombre del lugar de la victoria y las reminiscencias romanas con el culto al emperador) el 12 de octubre de 1805' (foto7).  Un cuadro espectacular en el que Napoleón, más maduro y con su mano enguantada, repite el victorioso gesto del paso de los Alpes, mientras que los fornidos granaderos de su afamada Guardia le saludan brazo en alto como gesto/juramento de fidelidad hasta la muerte, tal cual harían casi siglo y medio después con Adolf  Hitler los miembros de otro cuerpo militar de élite de infausto recuerdo, las SS.

David recuperó esta demostración de fidelidad brazo en alto en 1810, en su cuadro 'La distribución de las Águilas' (foto 8), inspirado en las costumbres marciales de las legiones romanas y en el que un Napoleón en la cúspide de su poder (entonces sólo España con su obstinada resistencia empañaba su omnímodo dominio sobre el continente europeo), entregaba a los jefes de su ejército la nueva bandera con el símbolo imperial del águila dorada, idéntico al de las legiones romanas. Esta entrega de enseñas y estandartes es acompañada de un juramento de fidelidad al emperador por parte de los oficiales, muchos de ellos brazo en alto y la palma extendida, al que Napoleón responde con su ya consabido gesto 'a la augusta'...

Como era de prever, el gran culto a la personalidad que surgió en torno a la carismática figura de Napoleón Bonaparte y los símbolos asociados al mismo, caló profundamente en pensadores políticos de épocas posteriores y entre una gran legión de admiradores. Entre ellos, el escritor y activista político Gabriele D'Annunzio, que lo adoptó, entre otros símbolos del pasado imperial romano y napoleónico, como parte del ritual con que él y sus seguidores celebraron en 1919 la ocupación para Italia de la disputada ciudad húngara de Fiume (la actual Rijeka croata), hasta entonces estratégica posesión austrohúngara en el Adriático, de cuyo mar era y es el puerto más importante, y antigua sede de la prestigiosa Academia Naval de Austria y Hungría donde estudió durante cuatro años un joven marino austriaco que, años después, pasaría a la fama como cantarín aristócrata junto a sus hijos y segunda esposa, el capitán de corbeta y todo un as de los submarinos durante la Pimera Guerra Mundial,  Jorge Juan von Trapp (..."fa, es lejos en inglés"...).

Toda la parafernalia política de D'Anuzzio fue directamente adoptada por el Partido Nacional Fascista de Benito Mussolini, con el gesto del brazo en alto como muestra de fidelidad al líder como símbolo más reconocible... y que pronto fue adoptado por el Partido Nacionalsocialista del Trabajo de Adolf Hitler y, posteriormente, por Falange Española en 1933 (como la 'salutatio ibérica''saludo íbero', una muestra de lealtad y de promesa de paz, descrito en las fuentes romanas y teóricamente anterior a la llegada a la Península Ibérica de los romanos, que se lo habrían copiado a los hispanos, tal como ya hicieron con algunas de sus mejores armas, como las dagas o la gladius hispaniensis, verdadero origen de la eficaz y letal espada romana...), entre otras organizaciones políticas afines de medio mundo...

Hubo, sin embargo, otro admirador de la causa napoleónica bien distinto a los anteriores, subyugado con el símbolo del brazo en alto, el periodista estadounidense James B. Upham, editor del popular semanario juvenil 'Youth's Companion', de gran tirada nacional, que pensaba en el juramento romano-napoleónico con el brazo alzado como el mejor acompañamiento al texto del 'Juramento de Lealtad' a la Bandera de Estados Unidos escrito por el pastor protestante Francis Bellamy para los niños y jóvenes norteamericanos. Upham hizo una demostración a Bellamy mientras declamaba el poema de éste, brazo en alto. El 12 de octubre de 1892, aprovechando el día de fiesta nacional en todos los colegios, se puso en práctica el juramento, con todos los niños ordenados en filas sucesivas que, una vez izada la bandera, alzaban sus brazos y repetían las palabras escritas por el pastor Bellamy (foto9). Al igual que le pasara a Colón con Américo Vespucio, el juramento patriótico brazo en alto de los niños estadounidenses no pasó a la posteridad con el nombre de su creador, James Upham, sino con el del escritor del texto, siendo desde entonces conocido como 'Saludo Bellamy'. El saludo brazo en alto continuó practicándose en Estados Unidos, también por los adultos, hasta 1942 (foto10), tras la entrada en la Segunda Guerra Mundial, al identificarse como algo propio de las enemigas dictaduras fascistas, sin tener en cuenta que había sido adoptado en las escuelas norteamericanas casi 30 años antes que los propios fascistas y nazis. Una ley federal promulgada a finales de 1942 sustituyó el 'Saludo Bellamy' por la hoy tradicional mano en el pecho sobre el corazón como símbolo de respeto y lealtad al himno y la bandera estadounidense (foto 11)... Como se ve, ni es un gesto tan antiguo ni tan espontáneo como se piensa.

Otra curiosidad asociada a tan controvertido gesto tuvo como involuntario protagonista al conocido aviador Charles Lindbergh, quien visitó Alemania para conocer de primera mano el renacer de la Luftwaffe y era contrario a la entrada de su país en la Segunda Guerra Mundial, defendiendo la neutralidad y el aislacionismo como mejor política a seguir, hasta que Japón atacó el 7 de diciembre de 1941 Pearl Harbor, claro. Los muchos enemigos políticos de 'Lindy' le acusaban injustificadamente de pro-nazi difundiendo sus fotos con el brazo alzado como prueba de sus simpatías por el bando del Eje, cuando en realidad eran imágenes del famoso piloto practicando el 'Saludo Bellamy' mientras juraba lealtad a su país y su bandera...(foto12).

miércoles, 5 de noviembre de 2014

Tintín y Chaves Nogales: Crónicas de la Rusia Roja a golpe de avión










En 1929, dos periodistas europeos, bastante populares en sus respectivos países de origen, España y Bélgica, publican por escrito unas apasionantes crónicas sobre sus vivencias y tribulaciones en la entonces Rusia Roja, el legendario País de los Soviets del que, debido a la censura impuesta por sus autoridades, se contaban tales historias más propias de la obra de Marco Polo, desde los crueles crímenes y asesinatos de los opositores y creyentes de cualquier religión, hasta las loas desde el punto de vista obrero y sindical por los grandes logros de que disfrutaba por aquellos lares la clase trabajadora.

Para revelar la verdad a sus lectores de lo que realmente sucedía tras aquella impenetrable cortina trenzada a base de bayonetas y ametralladoras comunistas, dos prestigiosos diarios de la época decidieron enviar a su reportero más osado y audaz. El redactor jefe del 'Heraldo de Madrid', el sevillano Manuel Chaves Nogales http://manuelchavesnogales.info/index.html, para muchos (entre los que me cuento) uno de los grandes periodistas e intelectuales españoles del siglo XX, se embarca en agosto de 1928 en un viaje en avión por Europa, entonces el medio de transporte más avanzado y reservado para la élite social, que le lleva de Madrid a Bakú, y del Mediterráneo al Caspio, pasando por Berlín y Leningrado.

Tras su vuelta a casa, Chaves tira de notas y amplía el material publicado en el Heraldo, incluyendo las partes que habían sido previamente censuradas, y lo publica en 1929 en forma de libro con el título de 'La vuelta a Europa en avión. Un pequeño burgués en la Rusia roja'. El subtítulo recuerda que más de la mitad de la obra está dedicado a su periplo ruso bajo el régimen bolchevique, en el que aprovechó para entrevistarse con personajes como Ramón Casanellas, uno de los tres asesinos del expresidente Eduardo Dato junto a Pedro Mateu y Luis Nicolau en 1921, y que, a diferencia de sus compañeros, sí pudo escapar a la U.R.S.S., donde inició una prolija carrera como militar y agente de los bolcheviques que le llevó a participar en la guerra civil contra los rusos blancos y realizar labores de inteligencia en favor del Partido Comunista en Hispanoamérica y en España, hasta su muerte en 1933 en un extraño accidente de moto del que todavía se especula sobre su pudo deberse a una expeditiva 'depuración' política. 

Buena parte del texto se centra en la descripción desde su avión, (un modernísimo y precioso Junkers F-13, como el de la foto 5, que tuve la suerte de ver en el Museo Alemán de Munich) de los paisajes que va sobrevolando. Muchísimos españoles descubrieron así algo que hoy nos es tan común, y entonces algo tan ignoto como mágico, como era la sensación que uno siente al volar, entonces privilegio de unos poquísimos...Y también tomaron buena nota de las contradicciones del régimen soviético (dentro de lo que le permitieron conocer), con sus acciones en beneficio del proletariado y las arbitrariedades cometidas para llevarlas a cabo... Hoy las podemos conocer de la mano de la estupenda edición publicada en 2012 por los Libros del Asteroide, una de las recientes incorporaciones a mi biblioteca, con esa atractiva cubierta roja tachonada de pequeños Junkers F13...

El otro periodista, en este caso de papel y no de carne y hueso, es el joven corresponsal del diario católico belga 'Le Vingtième Siècle', dirigido por el abate Norbert Wallez, en cuyo suplemento infantil y juvenil llamado 'Le Petit Vingtième', se publicó por entregas la crónica de ese viaje bajo el título 'Tintín en el País de los Soviets', con el ánimo de mostrar a los niños belgas, que leían masivamente la entretenida publicación, plagada de historietas y amenidades, los males propios del ateo régimen marxista de la URSS. Para ello contó con el gran valor e inigualable inteligencia de Tintín y de su parlanchín y travieso perro fox-terrier, Milú... que también sobrevolaron el imperio soviético a bordo de modernos monoplanos de motor en línea, decorados con las escarapelas de la hoz y el martillo... 

Al igual que Chaves Nogales, la pareja viaja a Moscú vía Berlín, para hacer un reportaje sobre las políticas instituidas por el presidente comunista Iósif Stalin. Sin embargo, un agente de la policía política secreta soviética, la temida y cruel OGPU o Directorio Político Unificado del Estado, intenta impedir que Tintín relate a los belgas la verdadera faz del autoritarismo soviético, e intentan deshacerse de ellos con todo tipo de emboscadas y trampas, con el mismo éxito que Willie el Coyote con el Correcaminos. Mientras salva su pescuezo y el de su mascota, el avispado reportero irá poco a poco descubriendo los secretos que ocultan los bolcheviques al resto del mundo y cómo estos roban la comida a sus ciudadanos, manipulan las elecciones y asesinan a sus opositores políticos. 'Le Petit Vingtième' publicó las aventuras del joven del mechón, que regresó sano y salvo a casa entre loor de multitudes, del 10 de enero de 1929 al 8 de mayo de 1930, y fueron recopiladas en un ya legendario álbum homónimo publicado en 1930.

La Gran Depresión que desde el 24 de octubre de 1929 sumió al mundo en un lóbrego túnel de desesperación, miseria y hambre, dejó también en un segundo plano las crónicas viajeras de ambos periodistas, el real y el imaginario. Por desgracia, ni Europa, ni tampoco el resto del planeta, eran ya como ambos nos lo habían contado apenas unos meses antes en tan inolvidables crónicas...

sábado, 28 de junio de 2014

Nada, y todo, en realidad... (Domingo 28 de junio, día de san Vito de 1914)







Domingo 28 de junio de hace hoy cien años...día de San Vito (el 15 de junio del calendario juliano ortodoxo), patrón de los serbios...su día grande...conmemoran que en el campo de batalla de Kosovo, donde su pueblo fue planchado por los turcos en la Edad Media, un patriota fue capaz de matar al todopoderoso sultán de los otomanos en su tienda de campaña... 

Qué mejor día entonces para un magnicidio, se pregunta la red de conspiradores de los servicios de inteligencia serbios que ya han decidido terminar con la vida de Francisco Fernando, algo más que el heredero, título que parece maldito, del Imperio Austrohúngaro, la mayor potencia territorial de Europa tras Rusia y la segunda en población tras Alemania

FF de Habsburgo pretende terminar con las tensiones nacionalistas que costriñen el pluriétnico Imperio promoviendo un proyecto revolucionario como es la creación de una gran confederación, unos Estados Unidos Federales que aglutinen en un gran proyecto bajo el nexo común de la casa de Austria, a los diferentes territorios y reinos que adquirirían desde entonces su condición de países independientes unidos por sus vínculos históricos y la Corona, pero perfectamente libres para adoptar sus propias decisiones, potenciar sus lenguas y culturas, decidir su destino... 

Viena es entonces la cuarta ciudad más poblada del mundo tras Londres, París y Nueva York, la capital germana de mayor población (hoy tiene un millón menos de habitantes que cuando estalló la  guerra en 1914)... El imperio amenaza seriamente el predominio de París como capital europea de la cultura y la sofisticación, el auge del comercio se garantiza y defiende con una nueva flotilla de acorazados y submarinos en el Adriático que protege prósperos negocios y exportaciones... el PIB crece cada año medio punto más que el de Reino Unido y Francia y poco a poco se reduce la diferencia en poderío industrial e infraestructuras con el esto de potencias europeas salvo con la imparable locomotora alemana... El imperio alberga la mayor población judía de Europa, pero a diferencia de lo que ocurre más al Este, no son pobres y desarrapados aldeanos, músicos ambulantes, curanderos o humildes sastres, sino miembros de una pujante clase media urbana, plagada de intelectuales y artistas de renombre...y constituyen ya entre el 10 y 35 % de la población de las principales ciudades...  

Un proceso revolucionario que anticipó las bases de la Unión Europea y que contaba con grandes detractores dentro del Imperio, sobre todo entre los altos dirigentes austríacos, pero, muy especialmente, en la vecina Serbia, que veía así esfumarse su sueño de crear una Gran Serbia a costa de los territorios eslavos en manos de los Habsburgo, y cercenada su salida al mar por esa Croacia que ambicionaban poseer...todo ello con el padrinazgo del hermano mayor ruso, sometido en su propia esquizofrenia entre pacifistas y paneslavistas tras su inesperada debacle en la Guerra Rusojaponesa de una década atrás... 

Esa Serbia que se siente fuerte tras la derrota del Imperio Otomano hace apenas un año, en 1913, y que rabia cuando Austria-Hungría e Italia vetan su acceso al Adriático a través de la posesión de Albania, hasta entonces turca, y que pasa a ser independiente para no caer en manos serbias... Hay ganas de venganza en Belgrado... 

En julio de 1913, los serbios arrebatan una parte de Macedonia a Bulgaria (el resto pasa a manos griegas) después de que Rusia traicione su alianza con los búlgaros y deje claro un mensaje a las cancillerías europeas: incluso cuando no le asista la razón o los tratados firmados, Rusia siempre apoyará a su hermanos del Sur... 

Es la espoleta que faltaba para completar el terrorífico artefacto que cambiará para siempre la faz que Europa se ha ido construyendo desde hace siglos... Los servicios secretos serbios entregan sus granadas y pistolas automáticas belgas al grupo de jóvenes terroristas serbobosnios, a los que se suma un bosnio musulmán, para cometer el magnicidio contra quien aspira a coartar la expansión de Serbia con su proyecto de confederación imperial... 

Nada está dejado al azar... Se les elige muy jóvenes, por debajo de los 21 años, no sólo por la impulsividad y la falta de templanza, tan necesarias para asesinar a sangre fría, que se le supone a los jóvenes, sino porque la ley austriaca no contempla la ejecución de menores de edad en caso de asesinato... Sino un máximo de 20 años en prisión, y luego esos 'patriotas', con apenas 40 años podrán volver a casa como héroes a los que honrar cada día de San Vito...cada 28 de junio... Está todo pensado dentro de la lógica del terrorismo que manejan quienes han diseñado desde sus despachos gubernamentales el asesinato... 

Austria-Hungría no tendrá apenas dificultades en destapar la trama, dado lo evidente de sus indicios...qué más da, piensan sus instigadores, si mamá Rusia nos protege de todo mal, y a ella, Francia...

Las órdenes están dadas, los documentos falsos y las cápsulas de cianuro para suicidarse por sí algo saliera mal, entregados... 

Son tan cutres los serbios que el veneno se encuentra en mal estado y no mata, sino que sólo deja un repugnante sabor en la boca a almendras amargas... Da igual, piensan en Belgrado, el Zar velará por Serbia si los asesinos fueran capturados y el veneno no calla sus lenguas...

Es domingo, 28 de junio, día de san Vito de 1914... Los terroristas esperan apostados... La archiduquesa Sofía no tenía que morir, su disparo iba dirigido al estricto gobernador de Sarajevo, pero así es el terrorismo... Todo vale para conseguir el objetivo final, aunque por el camino no deje de crecer la ristra de víctimas inocentes... 

No pasa nada...el Zar no dejara sola a Serbia, se repiten una y otra vez a modo de alivio... Ya habrá tiempo, en unos días, cuando llegue el ultimátum desde Viena, para reírse de la candidez austriaca y dejarles claro que San Petersburgo no permitirá el menor mal a Serbia...

Día de san Vito en Sarajevo... Hace 100 años... Fuera los seguros de pistolas y granadas... Allí vienen... Confiados... Ingenuamente descapotados... 

El mundo ya no volverá a ser el mismo... Nada, y todo, en realidad...

lunes, 12 de mayo de 2014

'Canarias' y 'munitionettes', heroicas vencedoras en la Gran Guerra de las mujeres...






Ahora que ha vuelto ‘Downton Abbey’ a las pequeñas pantallas de nuestro país y está próximo a celebrarse el primer centenario de la Primera Guerra Mundial, resulta de lo más interesante recuperar la memoria de un colectivo muy específico que refleja como pocos los descomunales cambios de todo orden (social, económico, industrial, político…) que provocó la Gran Guerra en el Reino Unido: el de los y las ‘Canaries’; hombres y mujeres –éstas en número creciente- que trabajan en las fábricas de munición y cuya permanente exposición a los productos químicos les provocó una progresiva decoloración en la piel, en tono amarillo, a la que debían su singular y ornitológico apodo.

A las mujeres, más en concreto, se las conocía popularmente como las ‘munitionettes’, como si fueran un grupo musical de éxito de los años 60 del pasado siglo.

En 1900 se estimaba que en el Reino Unido uno de cada ocho habitantes, por encima de dos millones y medio de personas, eran empleados del servicio doméstico, categoría laboral con diferentes escalas de ingresos que iban desde los bien pagados y atendidos sirvientes de ricos y aristócratas a los que trabajan apenas a cambio de un lecho y un plato caliente en los hogares de la clase media baja. Las mujeres solían entrar muy jóvenes a servir, la mayoría a los doce años, una vez concluida -si habían tenido esa suerte- su paso por la escuela.

(Esta proporción de la población dedicada al trabajo en los hogares resulta tan alta a nuestros ojos porque hemos perdido la perspectiva de la gran revolución que han supuestos los electrodomésticos en la reducción de las tareas domésticas de todo tipo, a lo que se unen los avances sociales y laborales en este colectivo).

En 1914, tal y como recoge el historiador británico Malcolm Chandler en su estudio monográfico 'The Home Front 1914-1918', había casi 6 millones de mujeres trabajadoras en el Reino Unido, sobre una población femenina que frisaba los 24 millones. El mayor porcentaje de mujeres (un 25%) trabajaba en el servicio doméstico, hasta totalizar casi el millón y medio. Unas 900.000 mujeres de todas las edades trabajaban en las fábricas del sector textil, mientras que más de medio millón se ganaban tortuosamente el pan en los llamados -debido a las pésimas condiciones laborales en las que trabajaban sus miembros- 'sweated trades', los habituales talleres clandestinos tan de moda hoy día en los que los trabajadores son explotados en condiciones que bordean la esclavitud. Por si fuera poco, las mujeres solían cobrar entre un tercio y la mitad que los hombres por realizar los mismos trabajos.

El estallido de la guerra generó, entre otros comprensibles miedos, una gran incertidumbre, lo que llevó a muchos patronos a desprenderse de parte o totalmente de su servicio doméstico, fundamentalmente mujeres. Gente que, en la mayoría de los casos, se quedaba en la calle, con pocas o nulas perspectivas de ingresos y de encontrar un nuevo empleo lejos del ámbito que conocían, y expuestos a gastar sus escasos ahorros de toda una vida de duro trabajo, si es que los tuviera, en esa Gran Bretaña devorada por la inflación de precios y las restricciones debido al conflicto armado.

Sin embargo, la misma guerra que había dejado en la calle a centenares de miles de mujeres con ganas de trabajar, vendría a resolverles el problema. A finales de 1914, muchas habían reemplazado en la industria bélica a los hombres que habían marchado como voluntarios al frente. Al menos 212.000 mujeres trabajan entonces en factorías de armamento, cifra que superaría el millón en 1918.

Al principio, muchos asalariados en estas fábricas se opusieron radicalmente a la contratación de las mujeres, ya que era costumbre pagarles menos que a los hombres por realizar el mismo trabajo (y que vemos que sigue aún hoy vigente, lamentablemente), y temían que, con el tiempo, se les bajase a ellos los sueldos en primera instancia, como anticipo de su posterior sustitución por las más económicas féminas; circunstancia que, finalmente, no se produjo.

Para las ‘munittionettes’, su trabajo en las factorías de proyectiles y explosivos no sólo supuso una bendición que las sacaba del desempleo en una época donde la protección social brillaba por su ausencia, sino que, además, les permitía ganar un sueldo mucho mejor (aun siendo inferior al de sus compañeros masculinos) que el que cobraban como tatas, criadas y cocineras. También salían ganando en unos horarios más racionales y en un trato más profesional y justo por parte de sus patrones que el que recibían en los hogares en muchas ocasiones, en las que estaban muy presentes los abusos físicos o el maltrato.

Una vez comprobado y demostrado que las mujeres podían hacer el mismo trabajo que los hombres en las fábricas y con idéntica calidad, el Gobierno británico decidió adoptar una política de subsidios a los hogares cuyo cabeza de familia había marchado al frente, lo que hizo que muchos de los trabajadores más capaces, una vez que les fue garantizado que sus esposas e hijos no quedarían desatendidos en caso de fallecer o ser mutilados en el frente, se incorporaron a las Fuerzas Armadas, dejando un hueco que debían de ocupar las mujeres, como así finalmente sucedió, y más tras la instauración del servicio militar obligatorio en marzo de 1916 (hasta entonces era voluntario).

La delicadeza y habilidad manual de muchas mujeres, acostumbradas a realizar trabajos finos de costura, sastrería o cocina, se adaptaba de perlas a la fabricación de balas, granadas, espoletas y todo tipo de proyectiles, que requerían más precisión que fuerza. Además, se consideraba a las mujeres de ojos azules como especialmente adecuadas para las labores de calibrado. Pronto, las ‘munitionettes’ se convirtieron no sólo en un orgullo para su país sino también en una de sus fuerzas humanas de mayor trascendencia estratégica y capacidad productiva.

No faltaron jóvenes damas de la alta burguesía y la aristocracia que, seducidas por la propaganda oficial, quisieron formar parte del personal de las fábricas de armamento, pero su poca predisposición y costumbre a obedecer órdenes, y su carácter autoritario, en ciertas ocasiones, hacían preferible a los encargados de las fábricas relegarlas a puestos como la gestión de la cantina o el comedor. No obstante,  muchas señoras pusieron a sus sirvientas a realizar el trabajo para el que ellas se habían postulado inicialmente.

Pero todos estos logros tuvieron un gran coste en vidas y graves lesiones, no siendo infrecuente que se produjeran explosiones en las fábricas, polvorines y talleres que podían cobrarse varias decenas de vidas… y luego estaba la maldita y mortífera exposición a productos químicos como el azufre, y, sobre todo, el altamente tóxico TNT, cuyo compuesto principal era la trinitrofenilmetilnitramina o tetril, también llamada nitramita o tetralita, elemento clave en la elaboración de explosivos en las dos grandes guerras mundiales y altamente contaminante incluso por vía aérea…

La contaminación no se quedaba sólo en el tono amarillento de la piel. Muchas mujeres se quedaron casi calvas, un síntoma que pasaba más desapercibido en el caso de los 'canarios' varones... A otras el cabello se les fue poniendo de color verde. Lo más cruel fueron los incontables casos de infertilidad detectados y otros tipo de desarreglos relacionados con el ciclo menstrual que, en muchos casos, se relacionaba con dolencias propias de la condición femenina. A estas mujeres se les dio una ración extra de leche a diario, como remedio para combatir los efectos del envenenamiento químico, cuyos síntomas fueron ya detectados en agosto de 1915, mientras que las primeras víctimas por esa causa se registraron oficialmente en marzo de 1916. Hasta el final de la guerra, otras 400 darían la vida por su país víctimas del veneno mientras trabajaban fabricando municiones... Unas dos fallecidas de media por semana... Todas estas bajas y muertes fueron ocultadas por cuestiones de seguridad nacional a la opinión pública (y, por tanto, al excelente espionaje alemán asentado en el Reino Unido) por una férrea censura militar, que buscaba no sólo mantener el flujo de trabajadoras a las factorías -ocultando los graves riesgos- sino también mantener alta la moral y la cohesión social en el país.

Tanto hombres como mujeres sufrían a menudo de dolores en el pecho, taquicardias, vómitos, pérdida de apetito, cianosis, dificultades respiratorias, estreñimiento crónico, mareos y somnolencia,  mercurialismo o hidrargirismo, migrañas, nauseas, vómitos, anemia, palpitaciones, exceso de bilirrubina en la orina, eczemas e irritación cutánea, llegando en ocasiones a tener que protegerse con máscaras de gas, como si estuvieran en el mismo frente, para poder desarrollar su labor...Y todo ello, sin tener en cuenta el intenso frío o el asfixiante calor que asolaban las fábricas en invierno y verano, respectivamente.  Las mujeres embarazadas, en periodo de lactancia o al cuidado de bebés, transmitían a sus hijos en la mayoría de casos, y con efectos terribles, las tóxicas consecuencias de su trabajo en las fábricas, aumentando exponencialmente el número de víctimas inocentes.  Demasiados sacrificios a costa de la propia salud que, sin embargo, contribuyeron decisivamente, desde el llamado Frente de Casa, a la victoria final de la Entente sobre los Estados Centrales... impactante la foto que cierra el post, de una chica de 18 años y un anciano de 80 acarreando proyectiles de artillería mientras los hombres jóvenes combaten en el frente

Pero el otro gran triunfo de estas decenas de miles amarillentas y verdosas 'canarias' sin alas lo constituyó la gran revolución social y laboral de la condición femenina en el Reino Unido. Muchas de aquellas antiguas jóvenes sirvientas del hogar eran ahora operarias industriales cualificadas de primera categoría, telegrafistas, oficinistas o secretarias, acostumbradas a ganar un salario fijo y a un régimen laboral y de horarios que nada tenía que ver con el del servicio doméstico.

Por primera vez, las mujeres habían contribuido en igualdad de condiciones, méritos y sacrificio que los hombres a ganar una guerra. Y por ello ya podían exigir derechos, como el del voto, reservado hasta entonces sólo a los varones. A veces, de la más terribles tragedias, brotan las flores del progreso y la justicia. Las mujeres del Reino Unido e Irlanda, mayores de 30 años y registradas como propietarias en el censo municipal o casadas con un varón propietario censado, o que disponían de una propiedad que rentase anualmente un mínimo de 5 libras esterlinas o que poseían un título universitario, obtuvieron finalmente en 1918 el derecho al voto. En total, más de 8 millones de mujeres, a pesar de requisitos tan restrictivos en favor de las clases más pudientes basados en el patrimonio y la formación intelectual. Hasta esta revolucionaria medida, sólo el 24 % de los adultos británicos tenía derecho al voto dada la legislación vigente. En noviembre de ese mismo año, coincidiendo con el armisticio que puso fin a la Primera Guerra Mundial, las mujeres británicas obtuvieron el derecho a presentarse como candidatas al Parlamento. No fue hasta 1928 que las féminas del Reino Unido mayores de 21 años obtuvieron el derecho al voto sin ningún tipo de restricciones. Una gran victoria en una guerra que, paradójicamente, comenzó a librarse entre bombas, explosivos y proyectiles del más diverso calibre.

¡HURRA POR LAS 'CANARIAS'!

P.S.: Aún hoy día, perduran las diferencias salariales según el género en el Reino Unido: mientras la media por hora trabajada se paga a 26,54 libras esterlinas en el caso de los hombres, a las mujeres les corresponden 18, 32 libras esterlinas. La revolución iniciada por las 'munitionettes' dista mucho de haber concluido...

miércoles, 26 de marzo de 2014

La Semana de la Mantequilla o el gran atracón de blini para recibir a la Primavera rusa






Ahora que Rusia alza su atronadora voz como en tiempos pasados y pone firme a Europa a causa de la cuestión ucraniana, es tiempo de recordar que el ruso es un pueblo grande por sus tradiciones - fruto de la mezcla de influencias vikingas, eslavas, bálticas, tártaras, bizantinas, centroeuropeas y de las paganas tribus esteparias - , su amor al arte y la música, su apego a la tierra que les vio nacer y sus ganas de disfrutar, a veces con todo lujo de excesos, de los placeres que les ofrece la vida, tal y como refleja el maravilloso cuadro pintado en 1869 por el pintor romántico de origen moscovita Konstantin Egorovich Makovskiy: 'Maslenitsa en la Plaza Admiralteykaya de San Petersburgo' (Foto 1). En él se refleja la bulliciosa celebración de la Maslenitsa (Semana de la Mantequilla -"maslo" es mantequilla en ruso- o Semana del Blin), la única festividad de origen pagano que simboliza el fin del invierno (que allí es la repera) y el renacer del sol y que se celebra en Rusia -generalmente en el mes de marzo- tras ser asimilada por la todopoderosa iglesia ortodoxa en su calendario oficial como antecendente a la Cuaresma, a modo de nuestro Carnaval. Originariamente eran 14 días de ritos continuados que las autoridades religiosas consiguieron reducir a sólo una semana allá por el siglo XVII. La relación con la mantequilla entronca con ancestrales costumbres paganas según las cuales al Sol se le engatusaba con la untuosa mantequilla para lograr su favor a lo largo del año…

¿Por qué se conoce como la Semana del Blin? Porque los blini (plural de blin), las famosísismas tortitas rusas elaboradas con trigo sarraceno, huevo, leche y mantequilla (su receta es muy similar a la de crêpes y filloas) son redondas y amarillas como el Sol, cuyo renacimiento se celebra tras las penurias invernales. La Maslenitsa dura exactamente siete días consecutivos, finalizando el domingo previo a la víspera de la Cuaresma. Cada día de la semana tiene un nombre tradicional y un simbolismo propio. A partir del jueves, como pasa con nuestra Semana Santa, se consideran días festivos y la gente deja de trabajar. Debido a la tradición de la Cuaresma, en la Maslenitsa no está permitido comer carne, así que la gente opta por los lácteos y el pescado para sustituirla esos días. Debido a estas limitaciones, las dos semanas anteriores suponen un cambio en la dieta habitual: en la llamada ‘vseednaya’ u ‘omnívora’, se puede comer de todo a voluntad, meitras que en la ‘ryabaya’ o ‘pecosa’ se alternan banquetes y ayunos.

Por supuesto, durante estos siete días que dura la Maslenitsa, lo suyo es atiborrarse de blini regados con abundante vodka… Los blini dulces llevan mermelada, chocolate, fruta de temporada, miel, frutos secos y crema de leche, mientras que el resto se cubren de crema agria con caviar, salmón ahumado, queso, patatas, champiñones, cebolletas picadas... Se acompañan con una bebida realizada en base a miel, llamada medovuja, introducida a finales del siglo XIX e inspirada en la bebida tradicional más antigua y popular del país, el hidromiel de tiempos de los principados vikingos de Kiev que cayó en desuso por la preferencia del zar Pedro I el Grande por dos bebidas que pasaron a ser las más consumidas en Rusia: el vodka (que se extendió desde Moscú al resto del país) y el vino, cuya producción impulsó el propio zar.

La lista de jornadas en las que se desarrolla la Maslenitsa es la siguiente:

Lunes: ‘La recepción’

Las familias se reúnen en torno a una mesa repleta de blini, dulces o salados, de los cuales una porción se regala a la gente pobre. Se fabrica con paja el gran muñeco que representa al Invierno y se lo viste con ropas viejas de mujer, se monta en un trineo y se recorre con él las calles cantando, hasta situarlo junto a uno de las pendientes nevadas por las que suele deslizarse la gente con sus trineos.

Martes: ‘El Día de los Juegos’

La gente joven sale a buscar pareja, y muchos hacen de celestinos con sus amigos solteros. Muchas parejas rusas se conocen y comienzan a salir en esta fecha, incluso los más jóvenes, dado que, en los últimos tiempos, es costumbre que ese día los padres sean muy permisivos y dejen a los novios encerrarse en una habitación el tiempo que quieran.
También es tradicional que los mayores de edad participen en bailes de máscaras donde tienen lugar las conquistas amorosas.

Miércoles: ‘La Golosa’

El nombre responde a que ésa es la jornada en que se celebran las populares competiciones de “devoradores de blini”, donde no sólo importa la velocidad sino también el número de tortitas zampadas. También recibe un premio quien cocine el blin más grande del concurso.
Ese día es el de más repercusión social de la Maslenitsa, ya que se abandona la intimidad del hogar para participar en numerosas actividades al aire libre, entre las que no faltan las carreras de caballos, excursiones en trineos, reuniones junto a hogueras o la toma de la Fortaleza Helada, ancestral tradición que consiste en trepar por un castillo construido a bases de bloques de hielo y nieve y conquistarlo, tras dejar atrás al grupo de personas que lo defienden, incluso armadas con ramas de árbol. La ‘conquista’ finaliza cuando la frígida fortaleza se derrumba bajo el peso de su invasor, como reproduce en su maravilloso cuadro de 1891, titulado 'La toma de la Fortaleza Helada', el grandioso Vasili Súrikov (Foto 4).

Jueves: ‘El Desenfreno’

Primer día festivo de la llamada Gran Maslenitsa o periodo de cuatro días que dura hasta el Domingo del Perdón y en el que no se trabaja.
En una ceremonia de lo más concurrida y que tanto recuerda a nuestro murciano Entierro de la Sardina, los jóvenes queman al monigote de paja vestido con harapos que personifica el Invierno, al que también llaman Maslenitsa. La del espantajo en llamas es una de las imágenes más conocidas de toda la semana de fiestas.

Viernes: ‘La Cena de la Suegra’

Los rusos invitan a sus suegras para agasajarlas con una gran cena en sus casas. Suelen enviar una delegación formal por la mañana con la invitación, y cuanto más numerosa es la comitiva de invitados que acuden con la suegra, mayor muestra de cariño se considera por parte del anfitrión hacia su madre política y quienes la acompañan.

Sábado: ‘La Caravana de la Cuñada’ 

Las jóvenes casadas invitan a sus cuñadas, las hermanas de su marido a comer blini en casa, con el fin de halagarlas y ganarse su favor. En Rusia tradicionalmente se consideraba que existía cierta tirantez entre una recién casada y las hermanas de su esposo, y esta jornada era el momento propicio para conocerse mejor y limar las posibles asperezas. Si las cuñadas están solteras, es costumbre invitar a hombres casaderos para ver si del ágape surge una nueva pareja. Si están casadas, son invitadas con toda su familia, por extensa que resulte la comitiva.


Domingo: ‘El Domingo del Perdón’

Algo así como un día de acción de gracias, donde todo el mundo perdona a todo el mundo, para comenzar la Cuaresma libres de pecado, y se hacen regalos mutuamente entre familiares y amigos o (más recientemente) se envían cariñosos mensajes por el móvil. Los recién casados solían visitar con regalos a los invitados a su boda y a los ‘celestinos’ y ‘celestinas’ que habían propiciado su casamiento.
También se conocía coloquialmente como el ‘Día de la Despedida del Queso’, porque a partir del mismo ya no podrían consumirse productos lácteos durante toda la Cuaresma, al igual que sucedía con el pescado, el vino o el aceite de oliva durante la mayor parte de ese periodo.

Lunes: ‘El Lunes Limpio’

Comienzo de la Cuaresma, con la gente limpia de pecados y del consumo alimentos prohibidos a lo largo de este periodo.


En época de los zares no había Maslenitsa que no tuviera sus espectáculos con osos domesticados, tan populare entre los rusos, y que, sin que la gente fuera consciente de ello, enlaza con el origen mismo de estas fiestas, en honor al dios pagano Volos, una divinidad neolítica de los cultivos y rebaños que era representada tradicionalmente como un oso.

La tradición más llamativa de todas es la de los combates a puñetazos entre multitudes de parientes, familiares, amigos y vecinos (hoy se celebran en un ring de manera ordenada) como manera simbólica de sacarse todos los males del cuerpo acumulados durante el invierno y como previa al acto del perdón dominical. Una costumbre maravillosamente recreada por Nikita Mikhalkov en su soberbio filme 'El barbero de Siberia' y que, según las crónicas del siglo XVII, además de muchos dientes partidos, mandíbulas rotas y ojos hinchados, en ocasiones dejaba hasta 200 muertos sobre el terreno, dada la violencia de los golpes. En la época comunista, salvo por los ágapes gastronómicos dentro de las casas, la mayor parte de estas tradiciones, sobre todo aquellas que suponían reuniones tumultuosas o se celebraban en público, estuvieron prohibidas.

Actualmente, la Masletnisa se celebra con gran popularidad y asistencia de público en diferentes lugares del mundo en los que existe una importante comunidad de origen ruso, como sucede en Inglaterra o Australia, entre otros escenarios.

viernes, 21 de marzo de 2014

El efímero resplandor de Matoaka, aquella a la que llamamos Pocahontas...







Hoy hace 397 años que la viruela, esa gran aniquiladora de nativos de medio mundo que nunca habían estado en contacto con la enfermedad ni los patógenos que la provocan, nos arrebató con apenas 22 años de edad a Matoaka ("plumita blanca", en lengua algonquian), hija de Wahunsonacock, al que los ingleses llamaban errónemente con el nombre de su tribu, Powhatan, y una de sus mujeres,  Wahunsenacawh, que, precisamente por haber dado luz a una niña en lugar de un guerrero, perdió su condición de esposa del jefe y fue expulsada de su tribu, como marcaba las costumbre.  La hija mayor del jefe de la confederación algonquina, que sería bautizada con el bíblico nombre de Rebecca, la mujer de Isaac, era más conocida entre los europeos recién llegados por su apodo, Pocahontas ("traviesa"), aunque entre los suyos también recibía el nombre de Amonute.

Protagonista de una conocida historia de redención que bien podría ser una mala interpretación por parte de los ingleses de los ritos nativos, pero que, en definitiva, le salvó el pescuezo al intrépido aventurero John Smith cuando estaba a punto de ser ejecutado en el poblado de Werowocomoco... esta niña india ("princesa" para los colonos británicos recién desembarcados en Tsenacommacah, el lugar que luego se correspondería con la actual costa oriental de Virginia), fue tomada como rehén a los 17 años como 'agradecimiento' a las muchas veces que ella y otros niños de su poblado llevaron alimentos frescos a los recién llegados en señal de amistad y como muestra de hospitalidad. Fuentes sin confirmar aseguran que para entonces estaría casada con un poderoso guerrero de la tribu de los Patawomeck, Kocoum... que supuestamente habría sido asesinado por los ingleses tras su captura en 1613... y del que apenas nada más se sabe... La intención de los ingleses era intercambiarla por los rehenes ingleses de su padre, capturados por Wahunsonacock como medida disuasoria contra el conflicto armado cada vez más inevitable que se dibujaba en el horizonte, y que los ingleses habían ocupado las mejores tierras, que dedicaban al lucrativo cultivo del tabaco, privando a los Powhatan de sus fértiles campos y territorios de caza. Matoaka se adaptó bien a la vida con los blancos, seguramente gracias al misionero Alexander Withaker, quien le enseñó a hablar inglés, la convirtió al cristianismo y la bautizó con el nombre de Rebecca, en una ceremonia a la que su querido hermano Nantequaus se negó a asistir. Poco después, la joven comenzó a ejercer de traductora entre ambos bandos enfrentados.

Tal vez por eso, o por las grandes diferencias que mantenía con su padre, que la consideraba poco menos que una traidora a su raza y del que había perdido el favor, cuando un año después estalló la anticipada guerra entre nativos e ingleses, la joven tomó partido por sus hermanos de fe en lugar de por los de sangre.  El 5 de abril de 1614 contrajo en Jameston (el principal asentamiento de Virginia, así llamado en honor al nuevo rey inglés, Jacobo I) matrimonio por el rito católico  -no sabemos si de manera más o menos forzada- con John Rolfe, un viudo -su mujer e hijo habían fallecido a causa de las hambrunas que sacudieron la colonia- procedente de Norfolk quien, tras obtener ilegalmente simientes porcedentes de las plantaciones hispanas del Nuevo Mundo, tuvo mucho éxito cultivando tabaco en Virginia, que el llamaba Orinocco para darle un aire más exótico y español, lo que permitió a los ingleses reducir drásticamente su dependencia del tabaco hispano, hasta entonces el único disponible y que nuestro país vendía en régimen de monopolio, inclinando a su favor la balanza comercial con los británicos, que sentían una gran pasión por su consumo; no es ninguna exageración afirmar que el éxito de esas primeras cosechas de tabaco virginiano de Rolfe salvaron a la colonia de la desaparición, y, quién sabe, tal vez cambiaron el destino de la Humanidad, que bien podría haber sido muy distinto de haber fracasado las primeras posesiones inglesas en Norteamérica.

A nadie se le escapaba que el próspero y exitoso Rolfe bebía los vientos por la joven nativa de 19 años, seguramente un bellezón comparada con las escasas mujeres solteras de origen europeo disponibles en la colonia. El suyo fue el primer matrimonio interracial registrado de manera oficial en la historia de la Norteamérica anglosajona. El 30 de enero de 1615 nació el único hijo de John y Rebecca/Pocahontas Rolfe, Thomas, quien tras la prematura muerte de su madre (y siguiendo una costumbre muy occidental también puesta en práctica por los españoles mestizos hijos de conquistador y nativa, como era la de reclamar como propios los territorios de toda la tribu de sus progenitoras como si, en su condición de hijas de jefe o cacique, fueran las herederas de un reino europeo), exigió ante las autoridades inglesas sus 'derechos de propiedad' sobre las tierras de los Powhatan...

La boda aplacó los ánimos entre ambos bandos (de ahí las dudas de que no fuera una solución política tomada a toda prisa más que el desenlace de un apasionado romance) y se firmó una paz que duró varios años, lo que generó una prosperidad entre ambas comunidades pero, sobre todo, aceleró la colonización de Tsenacommacah por cantidades crecientes de súbditos de los reyes Jacobo I y Ana de Inglaterra, una vez despejada la amenaza indígena...

Como 'prueba viviente' de que la colonia era más segura y sus nativos paganos susceptibles de ser 'domesticados' (por 'civilizados'), y para atraer nuevos inversores a Jamestown, en 1616 la familia Rolfe viajó a Inglaterra, y en junio su barco atracó en el puerto de Plymouth, desde donde se desplazaron a Londres en varios carruajes, incluido el séquito de once nativos que los acompañaba, de los que Uttamatomakkin, un chamán llamado por los ingleses Tomocomo, por ser más fácil de pronunciar, sería el más importante o de mayor rango.

El 6 de enero de 1617, Lady Rebecca Rolfe y Tomocomo acudieron al Palacio Real de Whitehall (entonces el más grande de los de su clase en todo el mundo, gracias a sus 1.500 estancias, antes de su destrucción por un incendio en 1698) , presentando sus respetos a los soberanos de Inglaterra, Irlanda y Escocia. La joven Lady Rebecca fue recibida en la Corte con el mismo tratamiento que cualquier princesa extranjera, y fue sentada, junto a su acompañante, cerca de los soberanos, participando en la espectacular mascarada que ese día se representó en palacio: 'La visión del disfrute', escrita por Ben Johnson. Poco después, tal día como hoy, y a la edad de veintidós años, cuando la familia y amigos habían emprendido el regreso a casa a bordo del 'George', las fiebres provocadas por la viruela extinguían definitivamente la luz de quien estaba llamada a desempeñar una importante misión en favor de la colonización inglesa de Norteamérica. Su joven y vigoroso cuerpo apenas había soportado siete meses el tránsito de los grandes bosques y espacios abiertos de Tsenacommacah a la inmundicia, fétidos olores y trillones de agentes patógenos acumulados por aquel entonces en una capital tan hacinada de población e insalubre como aquel Londres anterior al gran incendio de 1666, tan purificador en su devastadora destrucción.

Los restos mortales de la malhadada Lady Rebecca fueron enterrados, en una localización desconocida, en el cementerio de la iglesia de Saint George's en Gravesend http://en.wikipedia.org/wiki/St_George's_Church,_Gravesend, la localidad de Kent donde expiró. Tras la muerte de Rebecca, John Rolfe y Tomocomo continuaron viaje (el chamán habló pestes de su experiencia en la corte con el rey Jacobo una vez que se reunió con los suyos, lo que generó aún más animadversión entre los Powhatan y los ingleses, que pronto acabaría en una nueva guerra). El pequeño Thomas Rolfe, de apenas dos años, quedó en Inglaterra, en casa del hermano de su padre, su tío Henry, que se encargó de dirigir su educación antes de que el joven regresara a Virginia en 1635 a la edad de 20 años. Por su parte, John Rolfe, tras su retorno a la colonia en 1617, contrajo nuevas nupcias en dos años después con Jane Pierce, hija del capitán William Pierce, y en 1620 nació la única hija del matrimonio, Elizabeth. John Rolfe murió en 1622 después de que su plantación fuera arrasada por un ataque de los nativos durante la tan anunciada como inevitable guerra entre ingleses e indios.

Una moderna escultura de bronce situada frente al edificio religioso de Gravesend recuerda la figura de la joven ataviada con una vestimenta propia de los nativos de la costa Nordeste de Estados Unidos a comienzos del siglo XVII, seguramente porque esa es la romántica imagen que popularmente se tiene de la popular Pocahontas, y no la que se corresponde con el único retrato que se le realizara en vida durante su breve estancia en tierras británicas (foto 1), del que conservamos un grabado realizado en 1616, seguramente nada más llegar de tierras americanas, por Simon van de Passe, afamado escultor y grabador holandés asentado en la capital inglesa, en el que aparece a sus 21 años, vestida a la moda femenina inglesa de la época, como se aprecia, nada sencilla y sí bastante historiada, abanico de plumas de avestruz incluido, y con un rostro serio y feuno, impropio de la romática leyenda que acompaña al personaje.

Rodea al retrato una mandorla que contiene una frase en latín, muy habitual en la época en las inscripciones asociadas a personajes ilustres: "MATOAKA ALS REBECCA FILIA POTENTISS: PRINC: POWHATANI IMP: VIRGINIÆ". Es decir: "Matoaka, alias Rebecca, hija del más poderoso príncipe del Imperio Powhatan de Virginia". A los pies del retrato, otra breve inscripción latina señala: "Ætatis suæ 21. Ao / 1616." ("Su edad, 21. Año 1616"). Debajo del todo, una inscripción en inglés de la época viene a decir lo mismo, con algún nuevo dato: “Matoaks, alias Rebecca, hija del más poderoso príncipe Powhatan emperador de Attanougaromouck alias Virginia convertida y bautizada en la fe cristiana y esposa del digno señor John Rolff".
Obsérvese que aquella a la que hoy conocemos universalmente como Pocahontas era, para sus contemporáneos, la princesa india Matoaka o Lady Rebecca Rolfe.

El grabado fue reproducido en años posteriores en un cuadro al óleo (foto 2) en el que se dulcificaron e idealizaron en exceso los rasgos de la dama -que ahora luce una apariencia sin duda hermosísima para la época- a tal extremo que más parecen reflejar a una inglesa de blanca piel y pelirroja que a la nativa de piel canela y negra cabellera que era Matoaka. Además, en la inscripción inferior hay un error que demuestra bien a las claras que la obra se realizó bastantes años después, seguramente bien entrado el siglo XVIII ya que en ella se afirma que fue esposa del digno señor “Thomas Rolff”… nombre, como es sabido, de su hijo y no de su marido.

Este cuadro, que al menos estuvo colgado hasta 1770 en Booton Hall, la casa solariega de los Rolfe, fue adquirido para la National Portrait Gallery de Washington D.C. por el coleccionista de arte Andrew Mellon. Una copia del mismo retrato, en el que Pocahontas aparece algo menos favorecida, fue encargado por Henry S. Wellcome, empresario americano afincado en Londres, para la Exposición Colombina Internacional celebrada en Chicago en 1893, tras la cual fue exhibida en el Capitolio, hasta su donación en 1899 al Senado de los Estados Unidos, en cuyas dependencias continúa hoy expuesta.

La creciente popularidad de estos cuadros de época  –a la que el filme de Disney dedicado al personaje tanto ha contribuido- ha llevado a que la artista plástica Debbie Ritter haya incluido en su catálogo de muñecas y muñecos artesanos dedicados a populares personajes históricos a la Pocahontas ataviada al estilo estuardo…(foto 3)
https://www.etsy.com/es/listing/151422233/pocahontas-muneca-retrato-historico?ref=shop_home_active_1&ga_search_query=pocahontas

La rama americana de la familia Rolfe continuó manteniendo durante generaciones muy vivos el legado y la leyenda de Matoaka, cuyo nombre fueron heredando cada una de las mujeres de la familia; una de las cuales, Matoaka Whittle Sims, descendiente directa de Pocahontas por parte de padre y madre (eran primos hermanos), muestra en su retrato fotográfico realizado en 1884 (foto 4) la altiva elegancia y los rasgos de una nativa del más alto status social… Que el de Pocahontas era un linaje distinguido llamado a protagonizar grandes acontecimientos históricos, queda atestiguado por el hecho de que entre los descendientes más conocidos de la princesa de los Powhatan figuren dos ex primeras damas de Estados Unidos, Edith White Bolling Galt, mujer del presidente Woodrow Wilson, y  la no menos famosa Nancy Reagan (nacida Anne Frances Robbins, y de nombre artístico Nancy Davis)...