viernes, 21 de marzo de 2014

El efímero resplandor de Matoaka, aquella a la que llamamos Pocahontas...







Hoy hace 397 años que la viruela, esa gran aniquiladora de nativos de medio mundo que nunca habían estado en contacto con la enfermedad ni los patógenos que la provocan, nos arrebató con apenas 22 años de edad a Matoaka ("plumita blanca", en lengua algonquian), hija de Wahunsonacock, al que los ingleses llamaban errónemente con el nombre de su tribu, Powhatan, y una de sus mujeres,  Wahunsenacawh, que, precisamente por haber dado luz a una niña en lugar de un guerrero, perdió su condición de esposa del jefe y fue expulsada de su tribu, como marcaba las costumbre.  La hija mayor del jefe de la confederación algonquina, que sería bautizada con el bíblico nombre de Rebecca, la mujer de Isaac, era más conocida entre los europeos recién llegados por su apodo, Pocahontas ("traviesa"), aunque entre los suyos también recibía el nombre de Amonute.

Protagonista de una conocida historia de redención que bien podría ser una mala interpretación por parte de los ingleses de los ritos nativos, pero que, en definitiva, le salvó el pescuezo al intrépido aventurero John Smith cuando estaba a punto de ser ejecutado en el poblado de Werowocomoco... esta niña india ("princesa" para los colonos británicos recién desembarcados en Tsenacommacah, el lugar que luego se correspondería con la actual costa oriental de Virginia), fue tomada como rehén a los 17 años como 'agradecimiento' a las muchas veces que ella y otros niños de su poblado llevaron alimentos frescos a los recién llegados en señal de amistad y como muestra de hospitalidad. Fuentes sin confirmar aseguran que para entonces estaría casada con un poderoso guerrero de la tribu de los Patawomeck, Kocoum... que supuestamente habría sido asesinado por los ingleses tras su captura en 1613... y del que apenas nada más se sabe... La intención de los ingleses era intercambiarla por los rehenes ingleses de su padre, capturados por Wahunsonacock como medida disuasoria contra el conflicto armado cada vez más inevitable que se dibujaba en el horizonte, y que los ingleses habían ocupado las mejores tierras, que dedicaban al lucrativo cultivo del tabaco, privando a los Powhatan de sus fértiles campos y territorios de caza. Matoaka se adaptó bien a la vida con los blancos, seguramente gracias al misionero Alexander Withaker, quien le enseñó a hablar inglés, la convirtió al cristianismo y la bautizó con el nombre de Rebecca, en una ceremonia a la que su querido hermano Nantequaus se negó a asistir. Poco después, la joven comenzó a ejercer de traductora entre ambos bandos enfrentados.

Tal vez por eso, o por las grandes diferencias que mantenía con su padre, que la consideraba poco menos que una traidora a su raza y del que había perdido el favor, cuando un año después estalló la anticipada guerra entre nativos e ingleses, la joven tomó partido por sus hermanos de fe en lugar de por los de sangre.  El 5 de abril de 1614 contrajo en Jameston (el principal asentamiento de Virginia, así llamado en honor al nuevo rey inglés, Jacobo I) matrimonio por el rito católico  -no sabemos si de manera más o menos forzada- con John Rolfe, un viudo -su mujer e hijo habían fallecido a causa de las hambrunas que sacudieron la colonia- procedente de Norfolk quien, tras obtener ilegalmente simientes porcedentes de las plantaciones hispanas del Nuevo Mundo, tuvo mucho éxito cultivando tabaco en Virginia, que el llamaba Orinocco para darle un aire más exótico y español, lo que permitió a los ingleses reducir drásticamente su dependencia del tabaco hispano, hasta entonces el único disponible y que nuestro país vendía en régimen de monopolio, inclinando a su favor la balanza comercial con los británicos, que sentían una gran pasión por su consumo; no es ninguna exageración afirmar que el éxito de esas primeras cosechas de tabaco virginiano de Rolfe salvaron a la colonia de la desaparición, y, quién sabe, tal vez cambiaron el destino de la Humanidad, que bien podría haber sido muy distinto de haber fracasado las primeras posesiones inglesas en Norteamérica.

A nadie se le escapaba que el próspero y exitoso Rolfe bebía los vientos por la joven nativa de 19 años, seguramente un bellezón comparada con las escasas mujeres solteras de origen europeo disponibles en la colonia. El suyo fue el primer matrimonio interracial registrado de manera oficial en la historia de la Norteamérica anglosajona. El 30 de enero de 1615 nació el único hijo de John y Rebecca/Pocahontas Rolfe, Thomas, quien tras la prematura muerte de su madre (y siguiendo una costumbre muy occidental también puesta en práctica por los españoles mestizos hijos de conquistador y nativa, como era la de reclamar como propios los territorios de toda la tribu de sus progenitoras como si, en su condición de hijas de jefe o cacique, fueran las herederas de un reino europeo), exigió ante las autoridades inglesas sus 'derechos de propiedad' sobre las tierras de los Powhatan...

La boda aplacó los ánimos entre ambos bandos (de ahí las dudas de que no fuera una solución política tomada a toda prisa más que el desenlace de un apasionado romance) y se firmó una paz que duró varios años, lo que generó una prosperidad entre ambas comunidades pero, sobre todo, aceleró la colonización de Tsenacommacah por cantidades crecientes de súbditos de los reyes Jacobo I y Ana de Inglaterra, una vez despejada la amenaza indígena...

Como 'prueba viviente' de que la colonia era más segura y sus nativos paganos susceptibles de ser 'domesticados' (por 'civilizados'), y para atraer nuevos inversores a Jamestown, en 1616 la familia Rolfe viajó a Inglaterra, y en junio su barco atracó en el puerto de Plymouth, desde donde se desplazaron a Londres en varios carruajes, incluido el séquito de once nativos que los acompañaba, de los que Uttamatomakkin, un chamán llamado por los ingleses Tomocomo, por ser más fácil de pronunciar, sería el más importante o de mayor rango.

El 6 de enero de 1617, Lady Rebecca Rolfe y Tomocomo acudieron al Palacio Real de Whitehall (entonces el más grande de los de su clase en todo el mundo, gracias a sus 1.500 estancias, antes de su destrucción por un incendio en 1698) , presentando sus respetos a los soberanos de Inglaterra, Irlanda y Escocia. La joven Lady Rebecca fue recibida en la Corte con el mismo tratamiento que cualquier princesa extranjera, y fue sentada, junto a su acompañante, cerca de los soberanos, participando en la espectacular mascarada que ese día se representó en palacio: 'La visión del disfrute', escrita por Ben Johnson. Poco después, tal día como hoy, y a la edad de veintidós años, cuando la familia y amigos habían emprendido el regreso a casa a bordo del 'George', las fiebres provocadas por la viruela extinguían definitivamente la luz de quien estaba llamada a desempeñar una importante misión en favor de la colonización inglesa de Norteamérica. Su joven y vigoroso cuerpo apenas había soportado siete meses el tránsito de los grandes bosques y espacios abiertos de Tsenacommacah a la inmundicia, fétidos olores y trillones de agentes patógenos acumulados por aquel entonces en una capital tan hacinada de población e insalubre como aquel Londres anterior al gran incendio de 1666, tan purificador en su devastadora destrucción.

Los restos mortales de la malhadada Lady Rebecca fueron enterrados, en una localización desconocida, en el cementerio de la iglesia de Saint George's en Gravesend http://en.wikipedia.org/wiki/St_George's_Church,_Gravesend, la localidad de Kent donde expiró. Tras la muerte de Rebecca, John Rolfe y Tomocomo continuaron viaje (el chamán habló pestes de su experiencia en la corte con el rey Jacobo una vez que se reunió con los suyos, lo que generó aún más animadversión entre los Powhatan y los ingleses, que pronto acabaría en una nueva guerra). El pequeño Thomas Rolfe, de apenas dos años, quedó en Inglaterra, en casa del hermano de su padre, su tío Henry, que se encargó de dirigir su educación antes de que el joven regresara a Virginia en 1635 a la edad de 20 años. Por su parte, John Rolfe, tras su retorno a la colonia en 1617, contrajo nuevas nupcias en dos años después con Jane Pierce, hija del capitán William Pierce, y en 1620 nació la única hija del matrimonio, Elizabeth. John Rolfe murió en 1622 después de que su plantación fuera arrasada por un ataque de los nativos durante la tan anunciada como inevitable guerra entre ingleses e indios.

Una moderna escultura de bronce situada frente al edificio religioso de Gravesend recuerda la figura de la joven ataviada con una vestimenta propia de los nativos de la costa Nordeste de Estados Unidos a comienzos del siglo XVII, seguramente porque esa es la romántica imagen que popularmente se tiene de la popular Pocahontas, y no la que se corresponde con el único retrato que se le realizara en vida durante su breve estancia en tierras británicas (foto 1), del que conservamos un grabado realizado en 1616, seguramente nada más llegar de tierras americanas, por Simon van de Passe, afamado escultor y grabador holandés asentado en la capital inglesa, en el que aparece a sus 21 años, vestida a la moda femenina inglesa de la época, como se aprecia, nada sencilla y sí bastante historiada, abanico de plumas de avestruz incluido, y con un rostro serio y feuno, impropio de la romática leyenda que acompaña al personaje.

Rodea al retrato una mandorla que contiene una frase en latín, muy habitual en la época en las inscripciones asociadas a personajes ilustres: "MATOAKA ALS REBECCA FILIA POTENTISS: PRINC: POWHATANI IMP: VIRGINIÆ". Es decir: "Matoaka, alias Rebecca, hija del más poderoso príncipe del Imperio Powhatan de Virginia". A los pies del retrato, otra breve inscripción latina señala: "Ætatis suæ 21. Ao / 1616." ("Su edad, 21. Año 1616"). Debajo del todo, una inscripción en inglés de la época viene a decir lo mismo, con algún nuevo dato: “Matoaks, alias Rebecca, hija del más poderoso príncipe Powhatan emperador de Attanougaromouck alias Virginia convertida y bautizada en la fe cristiana y esposa del digno señor John Rolff".
Obsérvese que aquella a la que hoy conocemos universalmente como Pocahontas era, para sus contemporáneos, la princesa india Matoaka o Lady Rebecca Rolfe.

El grabado fue reproducido en años posteriores en un cuadro al óleo (foto 2) en el que se dulcificaron e idealizaron en exceso los rasgos de la dama -que ahora luce una apariencia sin duda hermosísima para la época- a tal extremo que más parecen reflejar a una inglesa de blanca piel y pelirroja que a la nativa de piel canela y negra cabellera que era Matoaka. Además, en la inscripción inferior hay un error que demuestra bien a las claras que la obra se realizó bastantes años después, seguramente bien entrado el siglo XVIII ya que en ella se afirma que fue esposa del digno señor “Thomas Rolff”… nombre, como es sabido, de su hijo y no de su marido.

Este cuadro, que al menos estuvo colgado hasta 1770 en Booton Hall, la casa solariega de los Rolfe, fue adquirido para la National Portrait Gallery de Washington D.C. por el coleccionista de arte Andrew Mellon. Una copia del mismo retrato, en el que Pocahontas aparece algo menos favorecida, fue encargado por Henry S. Wellcome, empresario americano afincado en Londres, para la Exposición Colombina Internacional celebrada en Chicago en 1893, tras la cual fue exhibida en el Capitolio, hasta su donación en 1899 al Senado de los Estados Unidos, en cuyas dependencias continúa hoy expuesta.

La creciente popularidad de estos cuadros de época  –a la que el filme de Disney dedicado al personaje tanto ha contribuido- ha llevado a que la artista plástica Debbie Ritter haya incluido en su catálogo de muñecas y muñecos artesanos dedicados a populares personajes históricos a la Pocahontas ataviada al estilo estuardo…(foto 3)
https://www.etsy.com/es/listing/151422233/pocahontas-muneca-retrato-historico?ref=shop_home_active_1&ga_search_query=pocahontas

La rama americana de la familia Rolfe continuó manteniendo durante generaciones muy vivos el legado y la leyenda de Matoaka, cuyo nombre fueron heredando cada una de las mujeres de la familia; una de las cuales, Matoaka Whittle Sims, descendiente directa de Pocahontas por parte de padre y madre (eran primos hermanos), muestra en su retrato fotográfico realizado en 1884 (foto 4) la altiva elegancia y los rasgos de una nativa del más alto status social… Que el de Pocahontas era un linaje distinguido llamado a protagonizar grandes acontecimientos históricos, queda atestiguado por el hecho de que entre los descendientes más conocidos de la princesa de los Powhatan figuren dos ex primeras damas de Estados Unidos, Edith White Bolling Galt, mujer del presidente Woodrow Wilson, y  la no menos famosa Nancy Reagan (nacida Anne Frances Robbins, y de nombre artístico Nancy Davis)...

2 comentarios:

Conde de Salisbury dijo...

Como siempre, una entrada muy interesante y documentada. Aunque no tenga la misma relevancia, no dejo de ver paralelismos entre la Pocahontas algonquina y la Malinche-doña Marina de la conquista hispana del imperio azteca. No son casos comparables, Marina no era azteca si no una víctima de la opresión mexica, al contrario que Matoaka, con una posición respetada entre su propia gente, pero no dejo de pensar en el paralelismo de la vinculación de ambas con los recién llegados europeos.

sushi de anguila dijo...

Me encanta el apunte,porque fue una comparación que tuve muy presente, y también con la Sacagawea que acompañó a Lewis y Clark en sus correrías por las Rocosas, pero me pareció que, aun siendo Pocahontas millones de veces más conocida, el papel histórico de la Malinche como nativa que contribuyó a sojuzgar el nuevo continente, fue muy superior y más trascendente que el de sus dos -idealizadas por la historiografía oficial anglosajona- compañeras... En eso, coincidimos una vez más...