jueves, 6 de febrero de 2014

Las Landas: señorío de ovejas y hombres zancudos...











Los zancos, esos objetos tan útiles para transitar por terrenos inundados o movedizos, hoy en desuso, fueron inventados a lo largo del siglo XIV en la ciudad belga de Namur, para poder desplazarse por sus calles cuando éstas eran sumergidas cada año por las recurrentes crecidas de los ríos Mosa, Sambre y del cercano arroyo Houyoux. Pronto, fueron adoptados en una región de Francia donde resultarían clave para la supervivencia de sus habitantes: Las Landas... unas inmensas planicies pantanosas (que eso son, en puridad, las landas, y también las navas) pertenecientes a Aquitania que se desparraman a lo largo y ancho de un millón de hectáreas, al borde de un embravecido mar en pleno Golfo de Vizcaya o de Gascuña, como se prefiera, al que separaban del interior amplias extensiones de dunas, que hacían muy inhóspita allí la existencia debido a las habituales tormentas de arena, capaces de sepultar aldeas enteras... salvo algunas manchas de bosques dispuestos junto a la costa, los cursos fluviales  y sobre las escasas colinas que tachonaban la región, las tres cuartas partes del territorio lo constituían páramos, ciénagas y pantanos cuyos hierbajos, arbustos y matorrales, en tierras muy poco propicias para la agricultura,  apenas daban para mantener a las frugales ovejas. Lógicamente, en tan desolado paisaje vivían fundamentalmente pastores con sus familias, entre los que causaba estragos la malaria propiciada por el agua estancada de los cenegales.

A comienzos del siglo XIX, cerca de 300.000 personas compartían el territorio con un millón de estos pacíficos y lanudos cuadrúpedos, clave para la supervivencia de los landeses. De ellas dependía la alimentación de la mayoría de tan menesterosa población, pero no mediante su carne o su leche, como se podría pensar, sino de algo menos prosaico... su caca... El estiércol que producían estas ovejas mientras correteaban por los campos en verano, fertilizaba los pobres suelos de Las Landas, mientras que el que se acumulaba cada noche en los establos en los que eran recluidas era el gran maná del que todos dependían, y como tal era recogido, para ser extendido como abono de los campos en el periodo estival, momento de la siembra del centeno... esa mierda ovina se convertía en caliente y nutritivo pan de centeno de acuerdo con la ecuación matemática según la cual se necesitaba 1 kg de pan de centeno por adulto y día, lo que suponía que una familia de entre ocho y diez miembros, lo normal entonces, necesitaba cerca de 4. 000 kg de pan de centeno al año para sus sustento, o lo que es lo mismo, los 3.200 kg de harina que se obtienen de 4.000 kg de granos de centeno, para cuya producción se necesitan 4 hectáreas de tierra de cultivo, que dada la acidez y escasa calidad de su suelo, necesita 60 toneladas de estiércol de oveja (la proporción es 15 kilos de caca para poder producir cada kilo de grano), o lo que es lo mismo, el estiércol que producen al año un rebaño de 100 ovejas, que necesitan para su alimentación las hierbas que generan en un año 100 hectáreas, es decir, que cada oveja consumía al año el equivalente a una hectárea de pasto. A la cosecha del centeno en otoño, tas lo que se roturaban las tierras, le sucedía otra en primavera de mijo o panizo común, a cuya conclusión volvía a comenzar todo el ciclo...

Por ello, los pastores se veían obligados a recorrer unos 20 km diarios con sus rebaños, y dada la naturaleza movediza y pantanosa del terreno, adoptaron de los flamencos de Namur el uso de los zancos, con el fin de abrirse más fácilmente camino entre la vegetación, de evitar mojarse los pies en el pantano, pero, sobre todo, como privilegiada atalaya desde la que poder vigilar de lejos sus rebaños, repartidos como estaban, de una manera amplia y dispersa... Los zancos landeses están formados por dos piezas de madera, la escasse (pierna en el dialecto landés) de donde viene el nombre actual de zanco en francés (échasse) y el paouse pé (reposapiés en dialecto landés), que solía fijarse a la vara de la escasse a una distancia del suelo que oscilaba entre entre los 90 y los 120 cm. El zancudo solía atárselos a la pierna con dos tiras de cuero, pero a diferencia de los zancos de Namur, de más de 2 metros de largo, en los que el reposapiés se ubica en medio de la pieza principal y se manejan con las manos a la vez que con los pies, los landeses solían emplear una larga pértiga como apoyo. Además de los pastores, también fueron frecuentemente empleados por los carteros en el reparto del correo por terrenos tan poco firmes.

El mundo de los zancudos y sus rebaños llegó a su fin durante el imperio de un Napoleón III decidido a hacer de Las Landas una tierra más habitable y productiva. Así, en 1857, ordenó por ley desecar más de 100.000 hectáreas de páramo y pantano y sembrarlas de pino marino, por ser ésta una especie muy bien adaptada también a las dunas y los suelos arenosos. Ello permitió que Las Landas comenzara desarrollar nuevos asentamientos agropecuarios de los que se podían obtener nuevos productos alimenticios como las frutas y verduras de los huertos aledaños a las nuevas granjas, que se añadían así a los bienes tradicionalmente recolectados en la zona: miel y cera de sus colmenas, piñones, madera y, muy especialmente, la tan cotizada resina de pino. Hoy, Las Landas alberga el mayor bosque de toda Europa gracias al visionario tesón de un emperador trágicamente destronado quien, para dar ejemplo, adquirió allí en su momento una propiedad de 8.000 hectáreas baldías para poner en práctica sus proyectos de desecación y repoblación, a la que llamó Solferino en recuerdo de una de sus victorias contra los austriacos en tierras lombardas acaecida en 1859. A comienzos del siglo XX, apenas pastaban en Las Landas 250.000 ovejas, mientras que la población humana había experimentado un gran auge, asociado al desarrollo económico. Nada que ver con lo que sucedía durante la Edad Media con los peregrinos que cruzaban el lugar en su camino a Santiago de Compostela, muchos de los cuales encontraban la muerte en los desiertos costeros de dunas o los lóbregos y deshabitados páramos, debido a la proverbial falta de alimentos y de agua del terreno, la ausencia de núcleos poblados a los que pedir cobijo o ayuda, o tal vez engullidos por el pantano, al no disponer de los vitales zancos para poder transitar por la zona con seguridad.

Unos zancos sin los que no hubiera sido posible el pastoreo que permitió alimentar y desplazarse de manera segura a generaciones de landeses durante siglos, y cuyo recuerdo aún hoy está bien presente en el folclore regional gracias a la pionera labor de Sylvain Dornon (foto 6), impulsor del uso de estas largas patas artificiales de madera en bailes (actualmente existen 21 sociedades folclóricas asociadas al uso de los zancos), carreras o marchas campo a través, como la que el propio Dornon realizó en 1891, recorriendo sobre tan finas extremidades los 2.850 km que separan París de Moscú en tan solo 58 días, cubierto con la tradicional boina y el chaleco de pelo de oveja de los pastores landeses y un revólver cargado en la faltriquera para hacer frente a los depredadores de dos y cuatro patas que pudiera encontrarse en el camino. Dos años antes, durante la Exposición Universal de París en 1889, había ascendido la Torre Eiffel encaramado en sus zancos.... En lo de propiciar nuevos usos para los zancos de toda la vida, no podían ser menos sus inventores, y así la ciudad de  Namur es harto famosa por los juegos y justas sobre zancos (foto 8) que organiza cada año en septiembre, desde su instauración en 1951.

1 comentario:

jordim dijo...

No te acostarás sin saber algo nuevo sobre zancos.