domingo, 19 de julio de 2009

La Era de las Cosas Maravillosas






















































































































Ahora que la ‘Alicia en el País de las Maravillas’ promete, de la mano de su director Tim Burton, ofrecernos un apasionante recorrido por un universo tan fabulosos como arrebatador, imaginemos por un momento que una mañana abriéramos los ojos ante un mundo sorprendente y fascinante a partes iguales, donde se alternarían cosas que nos son muy familiares y cercanas con otras que nos parecerían el fruto de una extraña pesadilla o del más maravilloso y cautivador de los sueños. Un mundo que ya no se mueve por cotizaciones de bolsa, sistemas financieros, burbujas inmobiliarias, inversiones bancarias, transferencias de capital, producción industrial, medios de transporte de masas y las infraestructuras de comunicación o el tráfico y refinado del petróleo, sino por el comercio a escala planetaria de un bien casi más preciado que el oro, de un color blanco o marronuzco y consistencia granulosa, llamado azúcar, y de la fuente energética necesaria para su producción, la que generan, en forma de esclavos, los músculos de seres humanos.

Unos esclavos que, contra lo que se pueda pensar, en muchos casos cuentan con armas de fuego, para espantar a las alimañas y aves de las plantaciones en las que trabajan de sol a sol, y que beben y comen en lujosas y exclusivas vajillas de porcelana y refinadas cristalerías, que les son cedidas por sus amos una vez que éstas sufren el más pequeño desperfecto. Un mundo mágico en que los ingleses contemplan con envidia y un indisimulado cabreo que las manufacturas españolas se venden más y mejor que las suyas merced a su bien merecida fama de que los productos españoles tienen una calidad muy superior a la de los británicos, pues no son pocas las ollas inglesas a las que se les rompen las asas al llenarlas hasta arriba de su capacidad, o cuchillos y hachas ingleses a los que se les caen los mangos en los momentos más inoportunos.

Tanta es esa diferencia de calidad y tan ofensiva y onerosa les resulta a los hijos de la Pérfida Albión, que eso llevará a la guerra a los dos países, aduciendo los británicos el corte de la oreja de uno de sus capitanes contrabandistas por los aduaneros españoles como insólito ‘casus belli’.
Un mundo que goza de una Europa vital y palpitante, donde las pandemias causan estragos cada cierto tiempo, y cuya vida cultural controlan y organizan las mujeres en veladas que se celebran en salones de un acceso más restringido y selectivo que las propias Cortes y palacios reales de cada país. En el que se combaten las enfermedades de transmisión sexual simplemente recetando la ingestión diaria de vasos de leche, tan escasa en comparación con la que nosotros disponemos, a pesar de que ya existen tiendas en las que se venden preservativos elaborados por encargo que sólo los más pudientes se pueden permitir, a base de intestinos ciegos de oveja macerados en sal y curados al vapor, que se dispensan en cajitas de cristal perfumadas, y que los menos agraciados económicamente compran ya usados para reutilizarlos sin complejo ninguno, aun a riesgo de provocar su rotura por el exceso de uso, o si no, siempre se puede echar mano de las habilidades de algún amigo carnicero; en el que las dentaduras postizas se fabrican con dientes de hipopótamo y colmillos de elefante, y el venenoso mercurio está considerado uno de los más eficaces remedios contra el cáncer. Donde se desinfectan las casas y los navíos con el humo del tabaco (que se vende en forma de zanahorias, con el tabaco envuelto en una tela y luego enrollado con cuerda http://www.furtradestories.ca/contentImages/26-HBCS-200-tobacco-carrot1.jpg -de ahí el logotipo que aún hoy tienen los estancos en Francia http://media.rtl.fr/online/image/2008/0919/980461_Enseigne-d-un-bureau-de-tabac.jpg) y con friegas de vinagre, se combate a las plagas de langosta celebrando exorcismos con curas y monaguillos, y se emplean insecticidas elaborados con las semillas del crisantemo conocido como piretro de Dalmacia, la raíz del barbasco o el arsénico diluido en agua. Un mundo donde los médicos profesan con devoción la innovadora teoría del flogisto http://pioneros.puj.edu.co/cronos/crono3/siglodelarazon/flogisto.htm , creen en la generación espontánea de los seres vivos por causa de un espíritu vital que sólo se destruía mediante la cocción y copian, sin disimulo alguno, de Turquía y la India la vacuna que permitirá controlar la mayor plaga de Europa, que, cómo no, también contagian los pobres bóvidos. En el que unos meros golpecitos en la tripa y el tórax sustituyen a las radiografías, y se ausculta a las personas con un paquete de folios enrollado en forma de cilindro, a falta de estetoscopio. Donde los camastros de los hospitales acogen hasta a tres enfermos en el mismo lecho, generalmente afectados por patologías y virus diferentes, a los que se suele cambiar la ropa de cama cada quince días, las camisolas de los enfermos cada cuatro y sus gorros y calcetines de lana una vez a la semana (con suerte, en los países católicos, las distintas órdenes religiosas que gestionan hospitales promueven una mayor higiene y un mejor trato por parte de sus abnegadas monjitas); y a la ciencia de reparar las roturas y fracturas de huesos no se le llama traumatología sino ‘álgebra’, como 'algebristas' son aquellos que de ese oficio viven, de menor categoría social y laboral de esos ‘cirujanos barberos’ que ejercen como dentistas y se ocupan también de las heridas, sangrías, úlceras, cataratas, cálculos o hernias.

En el que se combate el escorbuto con ‘chips’ de patatas crudas desecadas y con cerveza dulce elaborada con melaza y ramas de coníferas en lugar de cebada. Los cítricos están aún por solventar el problema... Donde se lucha contra la gangrena poniendo pequeños gusanos hambrientos sobre la carne enferma para que los voraces anélidos se la coman y eviten el riesgo de putrefacción y la segura mortandad del engangrenado. Donde las mejores facultades de medicina del mundo están en Viena y Edimburgo, y la principal exigencia en conocimientos que se pide a sus alumnos es el dominio del latín, y no de la anatomía o el conocimiento de las enfermedades.

No es de extrañar que apuesten por las sangrías como gran método sanador, pues erróneamente se cree a pies juntillas que los seres humanos tienen el doble de litros de sangre en el cuerpo (de ocho a diez) de los que en realidad circulan por sus venas, lo que provoca frecuentes accidentes mortales debido al exceso de sangrados a los pobres pacientes. Una Europa en la que la esperanza de vida oscila entre los 27 y los 41 años de media, el 25% de la población muere antes de cumplir los tres años y donde el importante colectivo de los deshollinadores o fumistas (cualquiera que esté encargado de montar, reparar, mantener y conservar en buen uso las conducciones de humo de una casa) tiene en el cáncer de escroto a la enfermedad más comunmente asociada a su profesión; de sombrereros locos (¡oh, de nuevo el mundo de Alicia!) que se mueren de tanto tembleque cuasiepilépticos, envenenados sin ser concientes de ello porque utilizan a diario mercurio o azogue, que tanto monta, para elaborar los demandados sombreros de castor, epítome de la moda en ese tiempo... de ahí el dicho londinenese: "Mad, as a hatter...". "Loco, como un sombrerero"... para inspiración de Lewis Carrol. Una época donde los 'avanzados' y civilizados occidentales se ven obligados a copiar las técnicas de escayolar las fracturas a los iraquíes de Basora o a los hindúes, pues más de un brazo o pierna acaban torcidos como ramas una vez entablillados y soldados por los matasanos europeos, y la potente digitalina es el remedio que se emplea para combatir las afecciones cardíacas.

Un mundo increíble donde es el albéitar y no el mecánico el encargado de tener a punto los principales medios de locomoción y trasporte de personas. Un universo atribulado y cambiante, donde el área de todo el planeta que genera más riqueza por metro cuadrado es la isla de Guadalupe, gracias a su masiva producción de azúcar. Auténtico oro comestible y soluble que se vende en forma de pequeñas montañas blancas o pilonos http://home.clara.net/mawer/image-sugarloaf2.jpg , también llamados panes (y de ahí el monte carioca conocido como Pan de Azúcar) , que hay que cortar en cubitos con robustas tenazas antes de echarlos al café o emplearlos en cualquier preparación culinaria. Una Europa donde es posible celebrar en el mismo año dos veces la Navidad o la Nochevieja con apenas unas semanas de diferencia , ya que en Londres todo sucede once días después de lo que marca el calendario para el resto de un continente donde los fieles católicos han de cumplir más de 180 días al año de abstinencia de comer carne por prescripción religiosa (algo que sólo es posible gracias a los ingentes desembarcos de mollas saladas de bacalao que llegan del Atlántico Norte y los caladeros canadienses, donde los pescadores los extraen con sus aparejos metidos bien sujetos dentro de un barril, para evitar ser lanzados por la borda con los fuertes vaivenes que experimentan los barcos en tan procelosas aguas). Donde apenas se conciben niños durante la Semana Santa, salvo los bastardos e ilegítimos, al estar mal visto en los países católicos el practicar el sexo durante la semana de Pasión de Jesús, y donde quienes incumplen esas prevenciones y sus descendientes tienen garantizado un amplio rechazo social de por vida.

Un mundo en el cual puedes ser devorado por caníbales en, al menos, la cuarta parte de sus zonas habitadas. Donde muchos niños comienzan su vida laboral a los cinco años, con jornadas de entre 14 y 18 horas diarias, incluso en explotaciones agrarias y mineras o molinos. Los pocos privilegiados que reciben algo parecido a una educación en las escuelas pías y otras instituciones de caridad, tampoco tienen tiempo para jugar, acuciados por todas las labores que tienen que cumplir. Sólo los más finos y menos brutos tendrán la fortuna de terminar trabajando como personal en casa de las familias ricas, cuyos hijos viven como auténticos privilegiados y conocen una variedad de distracciones y actividades lúdicas y culturales sin precedentes.

Una Era en la que los obreros de un sector tan estratégico como la producción textil destrozan las recién inventadas máquinas tejedoras impulsadas por vapor  arrojando en sus frágiles mecanismos sus zuecos de madera o 'sabots'; nace así el 'sabotaje' de los medios de producción del patrón para intentar evitar que los artesanos de toda la vida pierdan su medio de vida y pasen a integrar la creciente corte de miserables y desposeídos que comienza a hacinarse en las grandes ciudades. En la que hay quien asegura que dos hermanos franceses han hecho volar a bordo de una extraña pera gigante de papel llena de humo y aire caliente a una oveja llamada Montauciel ('sube al cielo'), a un pato y un gallo, antes de pasear posteriormente por los aires a personas a bordo de su ingenio... que voces de la Iglesia católica afanan en criticar por miedo a que dogmas como el de la Ascensión de la Virgen María sean puestos en solfa por los creyentes, atribuyéndole una causa más científica que divina. En que la gente prefiere escuchar cantar las más delicadas melodías a los capones, tenores de armoniosa e indescriptible timbre castrados desde su adolescencia, antes que oír a las mujeres de más dulces voces, siendo los de Castalla los mejores capones (eso sí, sin plumas ni cresta) de toda España, y los napolitanos los más apreciados de toda Europa.

Un mundo donde el vino que más se exporta por todo el orbe es el Burdeos, el gran puerto vitivinícola por excelencia, cuyos barriles son la medida de referencia favorita de comerciantes y clientes a la hora de expresar capacidades de líquidos y volúmenes. Donde el brandy y el cognac de españoles y franceses, respectivamente, son tan superiores en las preferencias de los bebedores sobre el ron que a los ingleses no les queda otra que vender ron teñido con colorantes y adulterado con otros productos químicos como si se tratara del mejor brandy y coñac; un fraude que provoca numerosos envenenamientos, cegueras y defunciones entre quienes beben estos peligrosos sucedáneos, ignorantes de la realidad.

Donde los españoles (en concreto, los siempre astutos sevillanos) inventan y ponen de moda una manera más económica y práctica de fumar cuando no se tiene el dinero suficiente para comprar los aromáticos cigarros puros liados a mano: el papelete, papelote, papelillo o papeleta (la papelina es otra cosa de utilidad más mortífera).... una cierta cantidad de restos del tabaco sobrante de hacer los puros, picado y envuelto en una hoja de papel, a la que, con el tiempo otros llamarán cigarrillo... Y son esos mismos españoles los que, con su ingenio para para aprovechar las sobras, no sólo para hacer ropa vieja con los restos del puchero, sino también para elaborar con los restos de los pitillos, la capada (los restos de colillas y cabos de cigarro que han sobrevivido al fumeteo) para elaborar otros papeletes de peor categoría pero de similar deleite en su disfrute...

Español es también el medicamento más cotizado del planeta, la corteza de chinchona, también llamada quina ('corteza' en quechua) o quinquina ('corteza de cortezas'), al que sólo los hispanos tienen acceso gracias a sus posesiones andinas en América. Suyo es el monopolio mundial de este fabuloso remedio contra la malaria (llamada en el Viejo Mundo 'fiebre terciana y cuartana', porque atacaba cíclicamente cada uno y tres días o cada uno y cuatro días, y patología endémica de las zonas arroceras, donde causa estragos) que tanto contrabando genera, y que media Europa se disputa, para regocijo de los comerciantes españoles y las autoridades de la Corona hispana. Incluso la construcción de la catedral de La Paz en Bolivia se ha financiado con los beneficios de este tráfico, y el monopolio permite el mejor control de calidad ya que un secado correcto de la corteza es fundamental para salvaguardar sus milagrosas propiedades. Cortezas que provenían del 'árbol de la fiebre' o cava-chucchu ('palo de las calenturas'), del que se extraía el llamado 'polvo de los jesuitas' (pues fueron ellos los que popularizaron en Occidente este remedio de origen nativo), 'polvo del cardenal' (tras su éxito en el Vaticano, al aliviar al mismísimo Papa Inocencio X de sus dolencias) o 'polvo de la condesa', tras haber provocado la supuesta curación de la condesa de Chinchón, esposa del Virrey del Perú. Hasta entonces, la malaria se curaba con los más diversos e ineficaces remedios, entre los que no faltaba la ingesta de telas de araña. El fraude más habitual en relación a este medicamento, era la corteza de cerezo sumergida en aloe, cuyo único efecto conocido era provocar diarrea. A la quina se le atribuían, entre otras supuestas propiedades curativas, el alivio de fiebres intermitentes simples o complejas, putrefacciones malignas, malignidades nerviosas, la cura de los efectos verminosos y hemorroides, la prevención de los abortos naturales, el ser un relajante del estómago, la detención de la caída del cabello, el calmar los calambres, curar el alcoholismo y remediar la falta de apetito.

Otro alivio medicinal de origen vegetal que causa furor, sobre todo en Asia, es el gingsen (del chino 'Jen Shen' o “el poder de la tierra con forma humana”), eficaz curalotodo para los orientales que vale su peso en oro en los países asiáticos. La llamada 'raíz del hombre' para los chinos; 'raíz de la vida' o 'raíz humana' en Corea; y 'maravilla del universo' (por lo muy estimada) en Japón, países en donde es venerada como una divinidad, es otro de los motores económicos del mundo junto con el azúcar, los esclavos, el chocolate, las pieles, la plata de Nueva España, las bebidas alcohólicas o el aceite de ballena. También abunda como planta silvestre en Nueva Francia, donde los indios lo emplean para combatir cólicos, convulsiones, disentería, cefaleas, agotamiento, problemas respiratorios y digestivos, aumentar el apetito y regular los ciclos menstruales. No es de extrañar que los cherokee lo llamen "el hombrecito". De hecho, el boom experientado por la industria canadiense del gingsen está creando una gran devaluación del producto a nivel internacional por la abundancia de stocks... los francocanadienses contratan a los nativos para que les recolecten y procesen las cotizadas raíces, secadas al sol... y consiguen beneficios por valor de 100.000 piezas de a ocho por cada envío a Oriente (lógico, ya que pagan a los indios veinte veces menos del precio por el que venden el gingsen en China)... pero la sobreexplotación hace que las plantas se agoten en Nueva Francia, y la codicia lleva a secar de manera artificial en hornos las escasas raíces que cada vez se encuentran en menor número, produciendo un gingsen de tan poca calidad que los asiáticos dejan de comprar a los canadienses, que en apenas 30 años han esquilmado esta gallina de los huevos de oro por su falta de cabeza. Tampoco es buena cosa para los indios, acostumbrados a ganar dinero regularmente con esta industria del hombre blanco por la que han abandonado sus costumbres de supervivencia, y que ahora carecen de todo tipo de recursos para mantenerse a ellos y sus familias, y que los franceses no les pueden suministrar. Entonces, el negocio pasa a Nueva Inglaterra y otras colonias inglesas, en las que prohombres como George Washington , John Jacob Astor y Daniel Boone se forran en este chollo que deja más beneficio que las pieles, y que permitrá hasta financiar una revolución y una guerra de la independencia gracias al inmenso capital generado... Quién lo diría... que a tan humilde raíz le debemos la primera Constitución de la Era Moderna, patrón a seguir por todas las que vendrán detrás... Desde Nueva York, y, sobre todo, desde Philadelphia, la capital norteamericana del gingsen, se envían a China en largas travesías barcos y más barcos cargados de gingsen, que cruzan el Cabo de Hornos para volver muchísimos meses después hasta los topes de hojas de té chino. Un comercio de ida y vuelta que genera a los avispados norteamericanos plusvalías de un 30% por cada envío...

Fascinantes también esas cada vez más prósperas colonias británicas de la franja oriental de Norteamérica, donde conviven decenas de religiones, desde los pacíficos cuáqueros o los calvinistas alemanes y suizos, hasta los protestantes de Boston, cuyos predicadores no cesan de profetizar desde sus púlpitos, a modo de convocatoria para la Guerra Santa, que el mismísimo Jesucristo volverá a la tierra el mismo día en que sean exterminados los últimos 'paganos' (así se referían habitualmente los angloamericanos a los indígenas que poblaban aquellas tierras) y los papistas (por españoles y franceses) de la faz del continente... Pequeños proyectos de países, en realidad, esas trece revoltosas colonias, donde es tal la opulencia y fertilidad de sus campos que la gente no se molesta ni en recoger ni aprovechar la fruta que cae al suelo de los árboles, y tan sólo comen la más selecta que aún cuelga de las ramas... el resto se deja pudrir, o se destina a dulce alimento para los cerdos, cuya carne es la más consumida por los estadounidenses antes y después de su independencia de Inglaterra... Trece colonias donde se cazan de manera compulsiva millones de palomas migratorias, cuya abundancia aparentemente infinita hace de ellas la carne más barata y fácilmente disponible del mundo.... un recurso inagotable... o eso se piensa, con infaustas consecuencias para la especie... Donde apenas se consume vacuno en las comidas (las vacas están fundamentalmente para proporcionar leche y quesos), sino, como ya se ha apuntado, cantidades industriales de cerdo salado conservado en barriles rellenos de espesa salmuera, verdadera adicción de estos primeros americanos, junto con el maíz y sus derivados... También son ávidos consumidores de la flatulenta aguaturma, tupinambo, pataca, alcachofa de Jerusalén, criadilla de agua, castaña de tierra, maranquera, ajipa o batata de caña (que de tantas maneras es conocida) http://fichas.infojardin.com/foto-hortalizas-verduras/helianthus-tuberosus-tupina.jpg
antes que de las patatas, mientras que los tomates, salvo en tierras bajo soberanía española, siguen considerándose una rareza botánica de los más tóxica, cuyas flores se plantan con el único propósito de espantar a las moscas. La carne de vaca enjuta pero sabrosa, propia del pastos del sur, es cosa que se consigue de los rebaños a cargo de los vaqueros españoles, que equipados con sus pesados zahones y sus sombreros de ala ancha y una pañoleta al cuello recorren Tejas, el camino de Santa Fe y el Norte de la Nueva España al tiempo que practican con el lazo, y con el machete siempre a mano para repeler a las alimañas, como los moteados jaguares, entonces aún tan abundantes en la zona, o combatir a los famélicos indios que les intentan robar el ganado. Mientras misioneros españoles recorren las costas californianas y el Golfo de México dejando a su paso decenas de nuevos establecimientos religiosos http://www.lib.utexas.edu/maps/atlas_mexico/new_spain_viceroyalty.jpg , que habrán de ser protegidos de los indígenas hostiles por los presidios http://www.lib.utexas.edu/maps/atlas_texas/texas_spanish_missions.jpg , verdaderos orígenes de los fuertes fronterizos http://www.nps.gov/goga/historyculture/images/1790Presidiowithcaption.jpg, donde sirven los bravos dragones de la cuera, con sus escudos y lanzas y su armadura de capas de cuero con la que parar las flechas de indios tan irreductiblemente feroces como los pimas, apaches y comanches... El verdadero origen de ese mito tan fascinante conocido como Far West...

Pocos oficios son tan rentables (y malditamente canallescos) como aquel del que viven los terribles raqueros, hombres y mujeres que moran en aldeas costeras, muchos de ellos dedicados a la pesca y el contrabando, que redondean sus ingresos tendiendo trampas de noche o en condiciones de baja visibilidad a los barcos que pasan junto a su litoral para saquearlos. Zonas peligrosísimas para los navegantes por la proliferación de estos crueles bandoleros marinos son las costas meridional y oriental de Gran Bretaña, desde el cabo Cornualles hasta el de Wrath, en el norte de Escocia, y la costa occidental de Irlanda, en que la población de aldeas enteras desafiaba la ley saqueando los barcos que naufragaban, en la mayoría de casos de manera provocada. Al otro lado del Atlántico, los habitantes de Nueva Escocia y Nueva Inglaterra también ejercen esta actividad. En los casos más inofensivos, los raqueros se conformaban con recoger lo que dejaban en las playas los naufragios, aprovechándose de una forma bastante macabra de las desgracias que recaían sobre los barcos que pasaban junto a las costas en que ellos vivían. Pero muchos de ellos participaban activamente en los acontecimientos, apagando o moviendo las luces de aviso, utilizando o bien hogueras o los llamados 'faros de Judas', unas linternas que se cuelgan por la noche del cuello de animales que pastan tranquilamente, ajenos a su macabro empleo, para confundir con su luz a los navegantes incautos, que creían guiarse por los faros fijos ubicados en la costa. Cualquier superviviente, que podía reclamar por ley su parte de la carga de los barcos naufragados, es apiolado de forma sangrienta, o enviado como esclavo a alguna remota colonia de los Mares del Sur, de la que le será virtualmente imposible poder retornar a su patria de origen nunca jamás para reclamar justicia...

Pero si inquietantes son los estragos causados en vidas y haciendas por los raqueros, no lo son menos las noticias que llegan desde los confines de la Cristiandad, allá donde confluyen las fronteras del Imperio Otomano con las de Rumanía, Silesia y el Reino de Hungría, y que investiga con rigor y valor a raudales el monje benedictino Augustin Calmet http://es.wikipedia.org/wiki/Archivo:Don_Augustin_Calmet_(1672-1757).jpg , abad del monaterio de Senones, en la Lorena francesa, experto en exégesis bíblica y en fantasmas, cuyos numerosos informantes, en su mayoría sacerdotes de la zona, le tienen puesto al día de todo lo truculento que acontece por aquellas remotas tierras... Se habla de lo mucho que han proliferado los 'revinientes' (llamados así porque 'vuelven' de sus tumbas) o vampiros, también denominados upiros ('sanguijuelas' en eslavo), de no muertos que abandonan sus sepulcros en los que han sido enterrados recientemente, para inquietar y aparecerse a los vivos, chupar no se sabe cómo la sangre a sus familiares y vecinos, provocar estrépito en sus puertas y en sus casas, y causarles, en definitiva, la muerte... Plaga que durante dos años asola la isla griega de Micon o Mikonos, en poder de los brucolacos (vampiros de Tesalia y el Epiro, cuyo nombre deriva del término griego vroucolacas= carroña) en cuanto cae la tarde, que sólo pueden ser vencidos durante el mediodía, cuando más alto está el sol, y para ello es necesario atravesarle la cabeza con una rama o estaca de fresno sin rozar sus ojos (eso le devolvería otra vez todas sus fuerzas), o bien quemándolos completamente, tras haberles extraído previamente el corazón para prenderle fuego en solitario. Pero, al igual que ocurría con la mitológica Medusa, hay que rehuir su hipnótica mirada, con la que te puede ganar la voluntad. En la cercana Santorini, la legendaria Thera minoica donde una terorrífica explosión volcánica ayudó a conformar el mito de la Atlántida, no temen a los brucolacos, sino a los licántropos que se enseñorean de sus noches... El desconocido pasado de dos de los principales centros turísticos de nuestro tiempo... y quién sabe si aún perdura por aquellos lugares en estado latente algún protagonista de tamaño horror... El resto de vampiros que luchan por enseñorearse y alimentarse del reino de los vivos se combaten clavándoles una estaca en el pecho y cortándoles la cabeza con una espada o sable. El abad Calmet, que alberga muchas dudas sobre la existencia real de los vampiros, upiros, revinientes y brocolacos, está convencido de que esos chillidos agudos que profieren los 'no muertos' al clavarles las estacas en el costado no es más que la liberación del aire putrefacto que exhalan los pulmones durante el pudrimiento de los cadáveres, que silba al abandonar su encierro a través del agujero dejado por el estacazo.

Tanta apelación a la sangre recuerda a la nueva fuente de energía que poco a poco va desplazando a las velas como auténtico surtidor de luz más brillante, aunque de aroma más denso y penetrante, el aceite de ballena, que se quema en los quinqués, unas eficaces lámparas recién inventadas por el suizo Pierre Aimé Argand. que tras ser mejoradas con la inclusión de un estrecho tubo de vidrio por su amigo el farmacéutico francés Antoine Quinquet, reciben el nombre de éste. Un curioso aparato que permite también la combustión de esa sustancia espesa procedente del Oriente que es el 'aceite de roca' o petróleo, entonces llamada por estos lares 'Betún de Judea'nafta, o naphta, a la que en la primera edición del Diccionario de la Academia (1734) se la define como un  "betún oleoso y nitroso, y por eso fácilmente inflamable: tanto que según algunos, arde debaxo del agua". Hasta entonces, las casas se iluminaban exclusivamente con velas, siendo las de sebo (grasa animal, generalmente de vaca u oveja) las más populares a pesar de su pestilente olor y el negro humo que desprenden al quemarse, frente a las de cera de abeja, tres veces más caras, llamadas en España cirios o bujías, y que son las preferidas por la jerarquía católica. Las velas de sebo tienen un grave problema, que las hace molestas y especialmente engorrosas: cada media hora hay que 'despabilarlas', o sea, cortarles la 'pavesa' o parte de la mecha o 'pábilo' ya consumida, porque si no se hace, arden mal y apenas queman un pequeño porcentaje de la grasa de la vela, que no se derrite bien. Una gran mansión necesita cerca de cien libras de velas de cera al mes para alumbrarse como es debido; gasto que sólo pueden afrontar los más privilegiados económicamente. Las velas se pueden elaborar también con  la opción mixta, como es la mezcla de cera y de sebo, o con otros materiales de origen vegetal, como los que se extraen de la palmera de los Andes o carandaí y la cocción de las bayas del árbol de la cera o arrayán de Brabante (el conocido Wax Myrtle o 'mirto de cera' de los ingleses), una especie de nuez moscada de la Guayana que produce una cera amarillenta y maloliente.

Una inigualable ventaja de las velas de sebo es que, en caso de asedio, los sitiados las pueden emplear como último (y poco apetecible por lo extremadamente rancio y tóxico de sus grasas) recurso alimenticio, a costa de sumirse en la más profunda oscuridad con la caída del sol. Conocida es la costumbre, muy común entre los fareros británicos, de enriquecer su dieta habitual con parte de la dotación de velas de sebo que se les entrega anualmente para alumbrar sus fanales.

La gran revolución luminiscente acaba de llegar de manos de los pobres cachalotes, que son asesinados masivamente por los balleneros que buscan su codiciado espermaceti, esa aromática y densa grasa que ocupa gran parte de la cabeza de estos impresionantes cetáceos, y que les sirve como elemento regulador de profundidad en sus prolongadas inmersiones abisales en busca de los calamares gigantes que habitualmente comen. Las nuevas velas de espermaceti no sólo huelen mejor que sus competidoras, sino que también son más económicas y generan mucha más luz, y, además, no se deforman con los calores del verano... A todo ello se suma la revolución que supone para el alumbrado público la adopción de un sistema que emplea con éxito el gas de hulla, de momento limitado a las calles y no a los hogares por su escasa seguridad y propensión a los estallidos. Las casas de los más pudientes cuentan con otra innovación: la calefacción a base de radiadores de vapor, con sus calderas propias y todo, lo que permite redistribuir el calor de manera más eficaz en los hogares, jubilando definitivamente a los braseros. La mejor calidad de los cristales permite la generalización de las ventanas en guillotina (inspiradas por el letal aparato ejecutor) dotadas de grandes paneles trasparentes, que ofrecen una gran luminosidad comparada con las usadas anteriormente, a base de pequeños rectágulos de vidrio insertados en un mismo marco de madera.

Curioso resulta también la existencia de los chamorros (en la vieja Castilla, chamorros eran las borregas y borregos, o cualquier animal, con la cabeza esquilada), esos singulares españoles de origen micronesio en lo racial y apariencia caníbal, que a miles y miles de kilómetros de la madre patria, en islas de los archipiélagos de las Carolinas y las Marianas, como Yap (donde hay un pueblo llamado Madrich), Chuuk (Truk), Belau (Palaos), Tinian, Saipán, Rota, Guam/Guaján, sorprenden a los españoles que por allí se acercan hablándoles de lo mucho que les gusta el chorizo, o practicando con extrema devoción la religión católica, expresándose con un habla que combina los rasgos de una lengua aglutinante malaya-polinesia en origen. Su curioso alfabeto, heredado de los españoles incluye la ñ, y en su vocabulario, los números son divertidamente idénticos a los que emplearía un castizo madrileño, un cartagenero cerrao o un habitante de la Vega Baja: unu, dos, tres, kuatro, sinko, sais, siette, ocho, nuebi, dies, onse, dose, trese, katotse, kinse, diesisáis, diesisiette, diesiocho, disinuebi, beinti (benti), treinta (trenta), kuarenta, sinkuenta, sisenta, sitenta, ochenta, nobenta, sien, dos sientos, tres sientos... kinientos, sais sientos... nobesientos (nuebe sientos), Mit, dos mit, tres mit... y así un largo etcétera... en un vocabulario que incluye palabras como 'amigo', 'adiós', 'buenas días (sic)', 'buenas tatdes' o 'buenas noches'..... y que está llamado a perdurar aunque desaparezca en el futuro la presencia hispana en el 'lago español', que así es conocido mundialmente el Océano Pacífico. Pero eso parece, a día de hoy inconcebible, en esta Era maravillosa, en este mundo irrepetible en el que el mayor y más poderoso buque que surca los mares enarbola la bandera de España y aterroriza con su mera presencia a los posibles enemigos que intentaran, tan insensata como futilmente, salirle al paso... pues no hay quien ose en su sano juicio hacerle frente al Santísima Trinidad y sus 140 cañones repartidos en cuatro puentes, y que le han hecho merecedor de ser llamado 'El Escorial de los mares'.

Un aspecto más de este universo fascinante, en el que la razón y la luz del pensamiento y la ciencia relegan cada día con más fuerza al atraso, la superstición, al oscurantismo teológico y retrógrado, y cuyo saber completo ha sido reunido, tal y como hiciera siglos antes el sabio y santo Isidoro de Cartagena en sus 'Etimologías', y hace bien poco también por el británico Ephraim Chambers, en un único compendio, en una obra maravillosa integrada por 21 volúmenes de texto, 12 de láminas y 2 de índice, con más de 25.000 páginas, 71.818 artículos y 2.885 ilustraciones. fruto del trabajo, el esfuerzo, la ilusión y el empeño de dos heroicos franceses, Denis Diderot y Jean le Rond D'Alembert, bajo el afortunado título de 'La Enciclopedia'. Una proeza intelectual y cultural, vencedora de todo tipo de obstáculos, contando con su inclusión en el Índice de Libros Prohibidos de la Iglesia, y que, a pesar de lo valiente de la propuesta y de su intención de no dejar ningún aspecto del saber fuera, nace conscientemente con una limitación secreta impuesta por el gobierno de Su Majestad Cristianísima, que no es otra que la imposibilidad de ofrecer el más mínimo detalle de la que entonces era la mayor joya tecnológica, el avance más codiciado, el objeto del deseo de los espías extranjeros, y que no era otra cosa que la técnica de extracción y tallado del sílex con el que funcionaban las llaves de chispa de los mosquetes franceses, consideradas la tecnología punta de entonces en el mundo occidental.

Gracias a su particular técnica de talla y de extracción minera, el sílex francés, de color beige claro (fotos 3, 4 y 5) propiciaba un mayor rendimiento que el sílex inglés, más oscuro y pequeño, de peor rendimiento en el campo de batalla (daba para menos disparos antes de fracturarse definitivamente y quedar inservible). La llave de chispa francesa (fotos 8 y 9) superaba con mucho en simplicidad, facilidad de reparación, resistencia, rendimiento y ligereza a la inglesa (foto 10), también fiable y robusta, pero menos refinada y sofisticada, y a la española o de miguelete (foto 11), estupenda, muy robusta y fiable, y muy cotizada, pero a su vez muy cara de fabricar, poco práctica para la producción masiva y muy poco rentable para el comercio a gran escala o en caso de guerra.

Sólo cincuenta años después de publicada la primera Enciclopedia, y cuando el insaciable espionaje industrial británico se había hecho hacía ya un tiempo con el secreto de la verdadera ubicación de los yacimientos franceses de sílex y de la técnica empleada en su talla, permitieron las autoridades galas la publicación por escrito, y con la exhaustividad y el detalle propios de tan magna obra, del hasta entonces considerado el secreto tecnológico mejor guardado de Occidente.


¡QUÉ MARAVILLOSA Y FASCINANTE ÉPOCA ÉSTA LA DEL SIGLO XVIII!

11 comentarios:

Wunderk dijo...

¡Y qué maravillosa y fascinante es tu exposición! Tus entradas conforman una verdadera enciclopedia des Lumières y ¡todo tan bien hilvanado! ¡De un lugar a otro, haciendo una composición tan completa del mundo de entonces!

¡Cuántas cosas curiosas! Me ha hecho mucha gracia el habla de los micronesios de las Carolinas y Marianas... más para alguien como yo con la mitad de mi sangre de Torrevieja. Por cierto, que con mi padre fui a ver ayer la exposición sobre las maquetas de barcos de la Fundación Cajamurcia y disfrutamos un montón... allí había una bella reproducción del Santísima Trinidad. Qué experiencia.

Viendo las propiedades de la quina qué ganas dan de tomarse un chupito de quina. Y muy curioso lo de los algebristas que arreglaban los huesos. O lo de los canadienses y el gingsen, los cigarrillos sevillanos... y un sinfín de cosas.

Gracias por tus entretenidas y sabias entradas, maestro.

Un saludico.

Martha Cold dijo...

Recuerdo una vez, hace años, que me tocó de pareja contigo para jugar al trivial... no recuerdo si estábamos en la playa o en Murcia, ni contra quien jugábamos, solo recuerdo que cuando nos tocó el turno, respondiste correctamente todas las preguntas, una tras otra hasta conseguir todos los quesitos. Creo recordar que fallamos una pregunta, pero en dos turnos, se terminó la partida (creo que yo contesté una pregunta de cine).

Leyendo este post, he vuelto a tener la misma sensación de "¿pero hay algo acerca de lo que este chico no sepa?"

Interesantísimo, lleno de detalles curiosos que jamás había escuchado...

Gracias mil de nuevo por compartir tanta sabiduría!!

sushi de anguila dijo...

Así está la cosa, Martha, que nadie quiere jugar contra mí (y casi que conmigo tampoco) al Trivial, jajaja... Debe de ser un tostón...

De hecho, entre mis grandes 'logros personales' siempre comento aquella partida en que derroté a tres británicos jugando al Trivial inglés, con las preguntas para gente de su país... No nos devolverán Gibraltar, los muy piratas (otro hecho del siglo XVIII), pero se llevaron un buen rapapolvo para su honrilla nacional...

Lo apsionante dle siglo XVIII es que, aun pareciendo otro mundo, tan distinto al nuestro, es en realidad el período clave en el que se forja nuestra civilización occidental, abandonando por vez primera en la historia de la humanidad el pensamiento teocrático en favor de la razón, y con hitos tan decisivos como las revoluciones americana y francesa,la Guerra de los Siete Años, el inicio de la Revolución Industrial o la Ilustración.

CABEN MIL ANÉCDOTAS MÁS, muchas de ellas todavía vigentes hoy día... pero como muestra, un botón.... ME ALEGRA QUE OS HAYA GUSTADO TANTO...

Y, por cierto y también por suerte, hay millones de cosas sobre las que este chico, ni papa, jajaja...

Besos a las dos

Antonio Rentero dijo...

Has firmado una de las más enciclopédicas entradas de este tu diderotdalambertiano blog, y lo mejor es que nos quedamos con la certeza de que ola cosa no va a parar aquí!!!

Eres WikiMan, la Wikipedia se queda en un batiburrillo inconexo, pq si algo consigues es hilvanar datos hasta conformar información que conduce a la reflexión, esa especie tan escasa en los tiempos actuales y que por desgracia casi constituye la melange de este páramo desértico frecuentado por ocasionales gusanos de las arenas.

Menos mal que como buen fremen te yergues sobre la adversidad de la ignorancia y nos orientas y enriqueces.

No hay forma de agradecer la ilustración que nos acercas con cada post...

Y sobre el fascinante mundo del Trivial... a ver si un día relato en el blog aquella época en que con mi amigo medio egipcio nos pasábamos las tardes con las dos hermanas más guapas de Murcia preguntándonos tarjeta tras tarjeta, pasando incluso de sacar el tablero...

JMPrefasi dijo...

Es un placer leer (y volver a leer) cada entrada tuya.

Muchas gracias y hasta la siguiente.

Athena dijo...

Como Wunderk, yo también me he acordado de las propiedades de la quina, concretamente las de abrir el apetito :)

Leyendo todo esto me doy cuenta, por un lado, de que hay cosas que no han cambiado, como el trabajo infantil, y otras que, gracias a Dios, sí. Pienso en qué bien haber nacido aquí y ahora..

Gracias por la entrada. Cuánto aprendemos con y de usted.

sushi de anguila dijo...

Simplemente me contento con intentar haceros disfrutar una mínima parte de lo que lo hago yo a diario con vuestros estupendos blogs (o conversación, en el caso del Personaje del mes, claro), mis queridos amigos...

Me parto con lo de Wikiman... qué horror, lo que me faltaba!!!!

Paul Spleen dijo...

Reúno a todos mis familiares, amigos y seres queridos; reúno a todos aquellos que me han enseñado algo en mi vida y, juntos, homenajeamos esta entrada con una ovación.

Me hace falta ya una entrada sobre numismática (del siglo XVIII, si quieres). Las piezas de a ocho con resellos chinos son las monedas más bonitas del mundo.

Un abrazo.

sushi de anguila dijo...

Por supuesto,PAUL, que habrá entrada numismática y, claro está, del siglo XVIII, jajaja... bien bonitas que son las piezas de a ocho, que con suerte vemos ahora colgados a modo de joyón del cuello de algunas mozas engastado en un collar o en vitrinas de museos y colecciones particulares... Una de mis favoritas, sin duda...

http://cosmos2000.chez.com/Numbers/dollar_spanish_verso.jpg

que deja bien a las claras, vista la fecha, qué 'dolares' manejaban el señor Washington y sus acólitos cuando les dio por hacer el cabra...eso sí, buena parte vendrían desde Asia, de los bolsillos de esos chinos ansiosos por el gingsen que los obtenían vía Manila...

Las reselladas en chino lo eran en Filipinas, la tierra de mis ancestros en aquellas épocas en que nunca había ocasos en el solar patrio... Un abrazo y gracias, caballero...

Anónimo dijo...

Thank you for the work you have done into the article, this helps clear away some questions I had.

sushi de anguila dijo...

You're welcome! Nice to see that you like it...