jueves, 12 de noviembre de 2009

Los Sullivan: todos los hermanos fueron valientes...









































































































































































Como era de esperar en cada nuevo 13 de noviembre, el país más poderoso de la tierra rinde emocionado homenaje a cinco hijos de la misma madre que ya no sólo pertenecen al íntimo recuerdo de sus familiares, sino que son un poco parientes de todos cuantos pueblan la superpotencia estadounidense. En tal fecha como hoy se cumplen 67 años, toda una vida, desde que media decena de jóvenes marinos, los valerosos hermanos Sullivan, perecieron juntos mientras plantaban cara al enemigo de su patria en aguas próximas a Guadalcanal, en el archipiélago de las Salomón, islas indómitas descubiertas para el mundo civilizado por el español Álvaro de Mendaña y patria chica de esas plantas trepadoras tan populares en nuestro país que son los potos . Naturales de la pequeña población rural de Waterloo, Iowa, el fraternal quinteto, nacido en el seno de la familia católica de origen irlandés fundada por Thomas y Alleta Sullivan, se encontraba embarcado a bordo del 'USS Juneau', elegante y poderoso crucero ligero de la clase Atlanta que embarcaba 698 tripulantes entre sus flamantes cuadernas (foto 4), pues apenas hacía ocho meses que había entrado en servicio. Junto a ellos había otras 8 parejas de hermanos a bordo, aunque los Rogers habían llegado a ser cuatro hasta que dos de ellos fueron desembarcados poco antes de la pérdida del buque.

George Thomas Sullivan ( 27 años en el momento de su desaparición) y sus hermanos Francis 'Frank' Henry (26), Joseph 'Joe' Eugene -también llamado 'Red'- (24), Madison 'Matt' Abel (23) y Albert 'Al' Leo (20) se habían alistado el 3 de enero de 1942 en Des Moines con la exigencia de servir siempre juntos, fieles a su lema 'We Stick Together', menos de un mes después del llamado por los yankees 'Día de la infamia', el sorpresivo (que no 'inesperado') ataque a Pearl Harbor por la Rengo Kantai, la Flota Combinada japonesa. Habían tomado esa decisión henchidos de rabia y consternados por la pena tras conocer que en las tripas del vetusto acorazado 'USS Arizona', todo un símbolo de la debacle sufrido aquel inolvidable 7 de diciembre y cuyos restos hundidos son hoy un monumento nacional, había fallecido Bill Ball, vecino del cercano pueblo de Fredericksburg y algo más que amigo de la única hermana de los Sullivan, que era, además, la pequeña de la casa, Genevieve. Otra aún menor, Kathleen, había perecido en 1930 al poco de nacer.
Se da la curiosa circunstancia que los dos hermanos mayores, George y Frank, venían de cumplir sus cuatro años de servicio en la Armada, pero su reciente licenciamiento ni fue tenido en cuenta a la hora de decidir alistarse de nuevo. Incluso el pequeño, Al, podía haberse librado del reclutamiento, no sólo por su minoría de edad, sino por estar casado con su amada Katherine Mary y con un hijo a su cargo, el pequeño Jimmy, de apenas 10 meses de edad y alegría de toda la familia...
Pronto los cinco hermanos se hicieron inmensamente populares en todo el país gracias a unas fotos tomadas a bordo del 'Juneau' en las que el quinteto posó como símbolo de la necesaria unión de toda la nación para poder derrotar a unos enemigos que entonces parecían casi invencibles... Son las dos imágenes que abren el post y que muestran, de izquierda a derecha, a Joe, Frank, Al, Matt y George. La (pésima) suerte de todos comenzó a fraguarse cuando, a partir de agosto de 1942, su navío fue destinado a tomar parte en el contrataque estadounidense en las islas Salomón... Guadalcanal cambiaría el signo de la guerra en el Pacífico, pero a un alto coste para ambos bandos, si acaso más inaceptable y terrible para un Imperio Japonés carente de los inagotables recursos de su adversario para mantener las horrorosas pérdidas que genera una guerra de desgaste.
Aquel 11 de enero de 1943, Thomas Sullivan preparaba su desayuno con la angustia e incertidumbre que atenazaba a toda la familia desde el pasado mes de noviembre, cuando habían dejado de recibir en casa las cartas que tan frecuentemente escribían sus hijos. Cuando vio pararse un sedán negro frente a su porche, del que descendieron tres militares uniformados, supo que algo había ido mal. Abatido por los malos presagios y las noticias que habían llegado a sus oídos de que el 'Juneau' había sido hundido, sólo pudo preguntarles... "¿Cuál de ellos?"... Tras una leve pausa que le pareció eterna, el militar de más alta graduación, el comandante Truman Jones, le contestó con el semblante cariacontecido... "Lo siento.... Los cinco"...
Reunida toda la familia en el salón, la trágica nueva se hizo aún más inevitable cuando el comandante les leyó el telegrama en el que se les anunciaba que 'El Departamento de la Armada lamenta profundamente informarles de que sus hijos Albert, Francis, George, Joseph y Madison Sullivan están desaparecidos en combate -acción en el original- en el Pacífico Sur'...
A pesar del tremendo golpe recibido, con inusitada entereza tras conocer la noticia que nunca hubiera querido oír y animado por su mujer, Thomas Sullivan se encaminó a su trabajo en los ferrocarriles que transportaban suministros militares... su concurso era vital para que los trenes llegaran a hora a su destino en un momento en que la nación necesitaba de cualquier hombre disponible, por veterano que éste fuera, para enderezar el rumbo de una contienda cada vez más favorable a los aliados...
Lo que había ocurrido el 13 de noviembre de 1942 con el 'USS Juneau' era todo un canto a la mala suerte, la fatalidad y la negligencia más absoluta a partes iguales. Implicado en los cruentos combates en torno a Guadalcanal, el crucero ligero había sido tocado por un torpedo que le había causado 20 muertos y decenas de heridos. Mientras buscaba aguas más seguras, un torpedo lanzado por el submarino japonés I-26 http://www.artfiberglass.com/ship/images/i26.jpg hizo blanco en la santabárbara y el buque entero reventó, llevándose consigo al fondo a toda la tripulación salvo unos 100-140 hombres, entre los que se encontraba George Sullivan, quien, a gritos, buscaba desesperadamente a sus hermanos en medio del desastre...
El capitán Hoover, al mando del 'USS Helena', un crucero ligero de la clase Saint Louis, creyendo improbable la existencia de supervivientes, ordenó al resto de la flota seguir rumbo a la isla de Espíritu Santo -la mayor de las Nuevas Hébridas y antigua posesión española en tiempos de los Austrias, hoy parte de Vanuatu-, temeroso además de que los submarinos japoneses presentes en la zona pudieran hundir más buques estadounidenses si detenían su marcha para asistir o recoger a los posibles naúfragos, algo muy habitual entre todos los bandos en conflicto. Al menos, para curarse en salud y a modo de precaución solicitó que un bombardero B-17 sobrevolara la zona para comprobar si quedaba alguien con vida, y, en ese caso dar parte a la superioridad y montar una operación de rescate.
Poco después, los naúfragos fueron sobrevolados por el citado B-17, que, debido a las estrictas medidas de seguridad, mantuvo el silencio radio y no informó en ese momento del desastre para evitar ser detectado por las escuchas niponas. Habrían de pasar horas hasta que regresara a su base. Si la cosa ya era terrible de por sí, en un guiño del destino, el informe presentado por los aviadores sobre la situación de los naúfragos se traspapeló entre otros documentos corrientes... durante días.... mientras, los restos de la tripulación del 'Juneau', olvidados a su suerte, comenzaban a ser atacados por hambrientos tiburones, tan abundantes en aquellas aguas, lo que sumado a la falta de agua y víveres y las terribles condiciones climáticas, sellaba su cruel sino...
Para cuando el informe fue encontrado y se organizó una operación de rescate una semana después, tan sólo quedaban vivos diez de los desgraciados marinos, que fueron llevados a tierra firme por un hidroavión Catalina... Ellos aclararon el triste final de los populares cinco hermanos de Iowa... Frank, Joe y Matt seguramente habían muerto en el acto, Al (posiblemente herido) se había ahogado al día siguiente y George, tras sobrevivir a duras penas cuatro días, se despojó de sus ropas y, enloquecido por el sol, la pena de haber visto morir a sus hermanos y la desesperación, se desnudó y se arrojó al agua "para llegar a la isla de enfrente", que no era más que un espejismo, antes de ser devorado por los tiburones entre gritos y golpes de aleta, según relataron los testigos...
Por razones de inteligencia militar, y para que los japoneses no supieran cuántas bajas habían causado realmente a su enemigo, lo sucedido con el 'Juneau' y otros buques aliados hundidos en la zona no fue revelado hasta meses después, a pesar de la situación insostenible en que se encontraban sus familias, tanto tiempo sin noticias de sus seres queridos en el frente. Tan trágico desenlace no pudo con una familia tan determinada y unida como los Sullivan. Más bien al contrario: galvanizó su espíritu y terminaron por implicarse aún más en su apoyo a las autoridades para contribuir de manera destacada al esfuerzo de guerra. Así, Genevieve se alistó como reclutadora en la Reserva Naval mientras que sus padres, visitaron más de 200 fábricas militares y astilleros en cooperación con la Armada con fines propagandísticos y para recordar a cuantos allí trabajaban lo importante de su labor para conseguir la victoria final...
En cuanto se conoció el caso de los hermanos Sullivan, una ola inmensa de admiración, compasión, orgullo y patriotismo recorrió el país. El presidente Roosevelt envió una emotiva carta a los padres de los ya popularísimos héroes y, entre incontables homenajes y reconociminetos, incluso el Papa Pío XII hizo llegar a la familia una medalla de plata y un rosario a modo de pésame, profundamente conmovido por tan terrible pérdida en el seno de una familia de fervientes católicos...
No cesaron ahí los homenajes... en febrero de 1943, la Armada estadounidense honró la memoria de los cinco hermanos bautizando como 'The Sullivans' a un moderno destructor de la clase Fletcher que había comenzado a contruirse meses antes con el nombre de 'Putnam'. El buque, el primero de la historia de la US Navy que hacía referencia en su denominación a más de una persona, fue botado en abril, ejerciendo de madrina Alleta Sullivan, la abnegada madre del clan de valientes. El destructor, numeral DD-537 (foto 12), tuvo una destacadísima actuación a lo largo de la Segunda Guerra Mundial y la Guerra de Corea, participó en el bloqueo a Cuba durante la Crisis de los Misiles y en la recogida en el mar de cápsulas en los inicios de la carrera espacial. A bordo del mismo, antes de su baja en 1965, sirvió el joven marino James Sullivan, aquel pequeño Jimmy, hijo de Al, que había perdido a su padre con tan sólo 22 meses de edad... Mantenido después en la Reserva hasta 1977, fue donado al Museo Naval de Buffalo, y es Monumento Nacional desde 1986 (foto 13).
Una historia tan trufada de drama, heroísmo, valor y sacrificio reunía todos los ingredientes para llamar la atención de un Hollywood deseoso de argumentos patrióticos que estimularan el ardor guerrero de unos Estados Unidos todavía sumidos en pleno conflicto contra sus enemigos del Eje. Por todo ello, no es de extrañar que en 1944 se rodase 'The Fighting Sullivans' (originariamente sólo iba a llamarse 'The Sullivans'), el habitual biopic edulcorado made in Hollywood (las fotos 6 y 7 representan a los cinco chicos como salen en la peli), que alcanzó un gran éxito y estuvo nominado al oscar al Mejor Guión, y entre cuyo solvente reparto cabe citar al siempre estupendo Thomas Mitchell en el papel del padre tal cual lo bordó también en 'Lo que el viento se llevó', al maravilloso Ward Bond, al niño prodigio Bobby Driscoll (protagonista de 'La isla del tesoro' de Disney y la voz de Peter Pan), a la popular Trudy Marshall como Genevieve, y a una jovencísima pero ya lanzada al estrellato Anne Baxter en el papel de Katherine Mary, la joven viuda y madre del pequeño Jimmy, en torno a la que gira la principal historia amorosa del film... La película comienza con el nacimiento y bautizo de los chicos, antes de vivir su infancia y juventud durante la Gran Depresión... hasta que nos adentramos en la parte bélica que culmina con la muerte del quinteto y la emotiva botadura en Nueva York del destructor en recuerdo de su gesta.
Por evidentes razones de propaganda y seguridad, para evitar un dramatismo excesivo que podría afectar a la moral de las tropas y, también, por encubrir la nefasta y negligente actuación de los militares en el asunto del rescate, las escenas del combate naval están muy simplificadas... dando a entender que todos murieron prácticamente a la vez, intentando salvarse juntos... Otras de las manipulaciones afectan a George y Frank, de quienes en la película se obvia que ya habían servido en la Armada previamente, o el intencionadamente suprimido romance entre Genevieve y Bill (aquí apellidado Bascom en lugar de Ball)... en resumen, la típica película patriótica de la época, con buenas dosis de melodrama amoroso y familiar...
Los homenajes no terminaron ahí, y en agosto de 1995 se botó un nuevo destructor en memoria de los cinco bravos marinos, el 'USS The Sullivans' con el numeral DDG-68 (fotos 13 y 14), modernísimo para la época gracias a su radar AEGIS y su poderosísimo sistema antiaéreo, el mejor del mundo, del que hace buena demostración en la penúltima imagen del post durante unas prácticas de lanzamiento de misiles... Como no podía ser menos, la madrina del buque fue Kelly Ann Sullivan Loughren, hija y nieta, respectivamente, de James y Albert Sullivan. El lema de combate era el mismo que había lucido en su puente su predecesor de idéntico nombre: el ya inmortal 'We Stick Together'. Tal vez fueron sus cinco ángeles de la guarda quienes evitaron el atentado suicida en Yemen a cargo de Al Qaida mediante un bote cargado de explosivos que se hundió por el sobrepeso antes de impactar con el destructor... suerte de la que no gozó meses después su antecesor, el 'USS Cole' DDG-67, cuando un atentado similar le causó 17 muertos, 39 heridos y lo dejó medio hundido...
Además, en honor a los Sullivan y a la tripulación del destructor del mismo nombre, en mayo de 1998, el entonces alcalde de Nueva York, Rudolph Giuliani, bautizó el muelle de Staten Island como el 'USS The Sullivans pier', en prueba de que la huella del quinteto seguía bien presente entre la sociedad estadounidense varias décadas después.
Y no es de extrañar, ya que el fallecimiento de los Sullivans supuso la mayor pérdida humana de una familia norteamericana durante la Segunda Guerra Mundial (en la Guerra de Secesión están documentados varios casos de familias que lamentaron la muerte en combate de cuatro hijos), e impulsó, para evitarlo, la aprobación a partir de 1944 de normas en la Armada que regulaban la llamada Sole Survivor Policy, en la que se establecía que, en tiempos de guerra, los hermanos no podían servir juntos en la misma nave o unidad y se denegaba la solicitud (hasta entonces posible a la hora del alistamiento) de hacerlo. Además, en el caso de que una familia hubiera perdido a dos o más hijos en el frente, se consideraba ya bastante sacrificio y se ordenaba a los supervivientes volver a casa, a destinos lejanos de la zona de combate... (sobre las interesantísimas modificaciones experimentadas a lo largo del tiempo por de esta normativa, extendida posteriormente al conjunto de las fuerzas armadas, os recomiendo este fantástico enlace http://www.history.navy.mil/faqs/faq72-5.htm).
Se ha argumentado mucho sobre que el caso de los Sullivan y lo planteado en la Sole Survivor Policy están en el origen del argumento de 'Salvar al soldado Ryan' . Y si bien seguro que sirvió parcialmente como inspiración, seguramente, la mayor influencia vino de la mano de los hermanos Niland (última foto) cuyo caso recuerda parcialmente al film dirigido por Spielberg... Estos jóvenes originarios de Tonawanda, Nueva York, servían en distintos destinos en el seno del US Army (entonces todavía no existía la Fuerza Aérea como arma independiente) debido a las comentadas limitaciones legales impuestas para evitar otro caso como el de los Sullivan: Frederick ('Fitz') y Robert eran sargentos en los 'paracas' de la 101 y de la 82 División Aerotransportada, respectivamente, y ambos saltaron sobre Normandía la noche del 6 de junio, muriendo el segundo de ellos en combate poco después; Preston era teniente de la 4ª División de Infantería, y también desembarcó en Normandía, en la playa de Utah, donde perdió la vida; Edward era piloto de un bombardero medio B-25 cuando fue derribado sobre Birmania y dado por muerto apenas tres semanas antes, el 16 de mayo de 1944. Incluso a sus dos primos, Thomas y Joseph, alistados en la 101 Aerotransportada y en la 20 División Acorazada se les impidió compartir unidades con ellos.
El caso es que una vez fallecidos Robert y Preston (están enterrados en el impresionante cementerio de cruces blancas que aparece al principio del peliculón de Spielberg) y contando con que Edward también había perdido poco antes la vida, se decidió repatriar al paracaidista 'Fitz' Niland, que no lo puso nada fácil hasta que intervino el capellán militar de su unidad, el padre Sampson, para destinarlo a un puesto lejos del frente en la Policía Militar de Nueva York hasta el final de la guerra. Si recordáis, Matt Damon/James Ryan también era en la peli un paraca de la 82 Aerotransportada a quien habían matado sus tres hermanos mientras combatían en otras unidades.... la (afortunada y felicísima) sopresa en el caso de los Niland es que una vez concluida la contienda se descubrió que Edward no estaba muerto, sino que había conseguido saltar en paracaídas y, tras ser capturado por los japoneses y sobrevivir a sus infames campos de concentración en penosas condiciones, pudo volver a reunirse con su familia - y sus dos primos, también a salvo después de la guerra- cuando ya se le daba por perdido para siempre.

Por si lo estábais pensando, ese 13 de noviembre de 1942 en que perecieron los Sullivan era también viernes, como hoy... un día de lo más apropiado para creer en algo más que la mala suerte.... más madera para los supesticiosos... ¡¡¡viernes 13!!!...ufff...
Ya que aquí se ha escrito de honrar al valor, de premiar el sacrificio, de Nueva York, y hasta de cine, quiero dedicar este post a ese héroe moderno que hace apenas unos días ha solventado con los laureles del triunfo por las calles de la Gran Manzana el impresionante reto y la proeza de emular a Filípides en su inmortal carrera: mi compañero de disfrutes televisivos Antonio Rentero. Enhorabuena, campeón!!!!

martes, 10 de noviembre de 2009

De alcachofas y criadillas tan falsas como deliciosas...





















































































































































































































































































































































































Cuando los primeros exploradores franceses desembarcaron a comienzos del siglo XVII en las salvajes costas de Canadá al mando de Samuel de Champlain, en aquel impresionante paisaje que, pocas décadas después sería conocido en todo el orbe civilizado como Nueva Francia, hacía miles de años que los indígenas norteamericanos, verderso señores de aquellas tierras, ya disfrutaban en su dieta de raíces, bulbos y tubérculos que todavía hoy causan sensación entre los fogones de los chefs más reputados del mundo.

Entre ellos, la racine blanc (raíz blanca), nombre dado por los 'voyageurs' (comerciantes en territorio indio) canadienses a la raíz de camas (Camassia quamash), recolectada por las nativas en los meses de abril y mayo, y que se consumía aplastada en forma de masa pegada sobre finas varas de madera y asada al fuego, como un pinchito vegetal de lo más 'moderno' gastronómicamente hablando. O como la pomme blanche (manzana blanca), término con el que los canadienses identificaban al nabo indio o patata de la pradera (Psoralea esculenta) -muy consumido en Canadá y Louisiana antes de la conquista británica- , cuya raíz se secaba y se cocinaba machacada en guisos de carne y maíz o se almacenaba cortada en rodajas para su empleo durante el invierno. Otro vegetal de lo más apreciado era la pomme de terre (manzana de tierra o patata), designación francocanadiense para la nuez de tierra (Apios tuberosa), una raíz comestible muy habitual en la dieta de los Lakota/Sioux con el nombre de 'modo' y que crecía con especial profusión en las riberas de los cursos de agua, lagos y humedales. Completaba tan suculenta colección el hombre de la tierra, cariñoso apodo indígena que demuestra el aprecio de los nativos por el tubérculo que los anglosajones conocían como batata o boniato salvaje (Ipomoea pandurata), muy consumido por los indios Miami y Shawnee.

La auténtica estrella culinaria de toda esta pléyade de delicias hipogeas al servicio de los pieles rojas y sus pálidos invasores es, sin duda, la archifamosa alcachofa de Jerusalén (Helianthus tuberosus), la preciosa especie cuyas rutilantes flores amarillas abren el post, y que los indios denominaban en lengua algonquian Kaischuck Penesuk/Penauk, 'Raíces de sol', por su parentesco y parecido con el auténtico girasol, el de nuestras populares pipas, también originario de la zona. Un tubérculo no demasiado grande que, ¡vaya por Dios!, ni es alcachofa, ni tampoco jerosolimitana, ni mucho menos originaria de Tierra Santa, sino de los verdes terruños atlánticos de la Costa Noreste estadounidense, desde donde se extendió, por acción del hombre y los caprichos de la naturaleza, hacia el Norte, Sur y Oeste del continente americano. Dada su amplia difusión, no es de extrañar que reciba un regimiento de nombres, entre los que están los de papa de Jerusalén o de Judea (...y dale Perico al torno), tupinambo (por los indios Tupinamba de Brasil, varios de los cuales fueron llevados a París a modo de curiosidad al mismo tiempo que estas nutritivas raíces), margarita grande, marenquera, batata del Canadá, pataca, aguaturma, pera o castaña de tierra, patata de palo o de caña, turma de agua o girasol del Brasil.

Aún hay algo más curioso, y es que la aguaturma, tan de moda ahora entre los chefs que apuestan por productos exóticos y técnicas más propias de un laboratorio dedicado a la manipulación genética que de una cocina, no deja de ser un viejo conocido entre los europeos, pues no en vano ya se consumía por estos lares con gran aceptación incluso antes de que la verdadera patata hiciese furor a lo largo y ancho nuestro Imperio poco tiempo después y la relegara poco a poco al olvido como alimento principal de personas y bestias. A Francia llegó en 1613, apenas 10 años después de la fundación de Quebec, y pronto gozó de gran predicamento a nivel popular, como en el resto de una Europa ávida de nuevos sabores y texturas procedentes del Nuevo Mundo, alcanzando hasta Rusia en el siglo XVIII, de la mano del zar Pedro el Grande.
Ciertamente, la alcachofa de Jerusalén comparte con el verdadero alcaucil un sabor muy similar, que se debe a la abundancia en ambas de la inulina, un glúcido muy habitual entre los tubérculos, que con la cocción se transforma en fructosa, en lugar de almidón, como en las patatas, lo que lo hace muy idóneo para su consumo por los diabéticos en sustitución de éstas y aquellos que necesitan seguir una dieta hipocalórica. Al carecer de gluten, es muy recomendada para los celíacos, y, aunque sea un alimento cuya digestión suele causar aerofagias y gases, también se suele recomendar su consumo habitual para combatir el estreñimiento... Aunque los indios la comían hervida, asada, o bien la conservaban desecada en rodajas y luego la rehidrataban para cocerla, este agradecido tubérculo, en su variedades roja y blanca, es una materia prima que admite todo tipo de preparaciones, desde cruda en ensalada, encurtida en vinagre, en sopas (que los ingleses llamaban 'sopa palestina', ¡ahí queda eso! en tiempos de la reina Victoria) , cremas y purés, salteada o gratinada (así gusta mucho en los países anglosajones, donde selen plantarse en los jardines y huertos privados para su consumo casero). Yo flipo con el plato de tiernos kippers (arenques ahumados en el argot del Reino Unido) que te puedes jalar en la Isla de Man con una guarnición de aguaturma salteada, como la de la foto 19. No es de extrañar su similitud en flores y semillas con las de los girasoles, sea la causa de su peculiar y bíblico nombre en inglés, Jerusalem Artichoke, ya que ese 'yirusalem' fonético deriva de la corrupción holandesa del nombre italiano de la planta, girasole articocco, muy popular en tierras transalpinas ... y es que no hay que olvidar que algunos autores europeos de nuestro Siglo de Oro, como el prestigioso botánico Fabio Colonna (Fabius Columna para la ciencia), llamaban a la planta Flor de sol Farnesiana, ya que la conoció en el jardín romano de ese gran mecenas de las plantas que fue el cardenal Farnese.
Más traída por los pelos parece la justificación que dan algunos eruditos a tan polémico nombre, para quienes el controvertido Jerusalem sería una corrupción de la localidad neerlandesa de Ter Neusen (la moderna Terneuzen), el primer lugar de los Países Bajos donde fue cultivada, con gran éxito, por el pastor protestante y botánico Petrus Hondius, en pleno siglo XVII... tal vez por ello, allí se llama manzana-alcachofa de Ter Neusen... los yankees, más sencillos, la conocen coloquialmente como sunroot, woodland sunflower o sunchoke... Todo un filón, este modesto tubérculo americano.
También flores amarillas, aunque más pequeñas y con un toque azafranado en su interior, luce la llamada 'madre de la criadilla' (foto número 20), espléndido estandarte de otra maravilla de nuestro subsuelo, a las que ya podemos acceder fácilmente gracias a diversas marcas de conservas como Río Búrdalo (magnífica su web delicatexen.es) o El Campanillo de Julián Martín: las CRIADILLAS DE TIERRA... Un pequeño hongo (Terfezia arenaria) que crece asociado a la planta y que recuerda mucho por su aspecto a las trufas blancas (ojo con la picaresca, que en este caso es habitual que se la metan doblada a los inexpertos) y en su textura levemente arenosa pero firme a las patatas, setas y castañas de agua. Un producto muy de moda en la gastronomía extremeña y castellana, nacido entre dehesas, encinares, alcornocales o pinos que a mí me encanta como ingrediente en los revueltos de setas o salteado como guarnición de carnes y pescados... incluso en lonchitas en las ensaladas. Otro delicioso especimen que no tiene nada que ver, como su compañera de post, con el nombre que le ha asignado la sabiduría popular (a pesar de su apariencia 'testicular'), pero que recomiendo encarecidamente a todos los amantes de la culinaria micológica o a quienes gusten de sabores distintos y delicados, que no necesariamente caros... Están de rechupete.... ¡BUEN PROVECHO A TOD@S!

miércoles, 4 de noviembre de 2009

La iglesia más hermosa de la Cristiandad




































































El 4 de noviembre es una fecha que parece especialmente diseñada para la sección de efemérides de un periódico, porque tal día como hoy no sólo fueron elegidos presidentes de los Estados Unidos personajes de la talla de Abraham Lincoln, Eisenhower, Reagan u Obama; porque cambió la historia del Reino Unido y del resto de la Humanidad con la detención de Guy Fawkes y el desbaratamiento de la inminente Conjura del 5 de noviembre que los británicos aún celebran casi más que nosotros el descubrimiento de América; porque Howard Carter encontró los primeros indicios que le llevarían al hallazgo de la tumba de Tutankatón/Tutankamón; porque tuvo lugar el primer vuelo del Puente Aéreo Madrid-Barcelona o tal vez porque el prototipo del Concorde fue el primer avión comercial en superar la velocidad de Mach 2.

Hubo también otros hechos mucho más luctuosos otros 4 de noviembre, como la capitulación del Imperio Austrohúngaro en la Primera Guerra Mundial, primer paso para la desemembración de tan maravilloso crisol de razas y culturas por la inquina envidiosa de sus enemigos; el asesinato de Isaac Rabin (y del proceso de paz árabe-israelí) a manos de un extremista judío; la invasión soviética en 1956 de esa Hungría que clamaba libertad e independencia frente a sus tiránicos ocupantes comunistas; el inicio de la rebelión antiespañola de Tupac Amaru en el Virreinato del Perú; o los grandes estragos y decenas de miles de muertos causados por el tristemente célebre huracán Mitch.

Pero hoy también se conmemora la festividad de ese simpático y brillante religioso milanés (de cuando Milán era lugar principal del Imperio Español, ¡ojo!) canonizado como San Carlos Borromeo. Sobrino del Papa Pío IV, siendo un veinteañero cardenal nepote fue designado para administrar con acierto los Estados Pontificios y desempeñar las funciones del primer Secretario de Estado de la historia de la Santa Sede, a pesar de un defecto que le hacía hablar aceleradamente, lo que no favorecía su imagen con los diplomáticos extranjeros. Figura fudamental del Concilio de Trento y de la Contrarreforma, a él se atribuyen muchos de los aciertos y luces del papado de su tío. Aunque recibió críticas por su vida disfrutona debido a su afición a la caza, la música, el ajedrez, el lujo, las veladas literarias y la buena mesa, alcanzó gran renombre por sus esfuerzos en pro de conseguir un clero mejor preparado y más ejemplar. Pero lo que le llevó a la santidad fue la fantástica labor que desarrolló durante la cruel epidemia de peste que entre 1576 y 1578 asoló Milán, ciudad de la que era entonces arzobispo y cardenal, y donde ejercía el cargo con una modestia y esa 'Humildad' que proclamaba el lema de su escudo de armas sorprendente en comparación con los excesos de su etapa romana. Agotado y enfermo de tanta actividad en favor de los más necesitados, falleció en 1584, a los 46 años de edad, y fue canonizado en 1610, siendo considerado desde entonces el santo patrono católico contra la peste por excelencia.

Por eso, no es de extrañar que, tras la grave epidemia de esta contagiosa enfermedad padecida por Viena en 1713, causante de más de 8.000 muertes, en cuyo final parece haber sido decisiva la intercesión del santo ante la Santísima Virgen, el emperador Carlos VI promoviera la construcción de un fastuoso templo como muestra de sincero agradecimiento hacia su tocayo. Iglesia barroca inspirada parcialmente en la Basílica de San Pedro del Vaticano, en diversos elementos clásicos como un pórtico griego o la columna Trajana, y en otros orientales y asiáticos, fue obra del gran arquitecto Johann Bernhard Fischer von Erlach, que falleció antes de ver culminada su obra. como triste anécdota, el templo fue sufragado en su mayoría de forma forzosa por los judíos de la capital austríaca.

Las dos grandes columnas de la fachada, dedicadas al 'valor' y la 'constancia', reflejan con sus relieves algunos de los principales episodios de la vida del santo, a modo de los hechos heróicos de los legionarios de Trajano en sus campañas por la Dacia. En su interior, la cúpula está decorada con fabulosas pinturas al fresco de Rottmayr, en las que aparece el propio santo intercediendo por los vieneses ante la Virgen (foto 4), mientras que los frescos de las capillas laterales son obra de Gran. El espectacular retablo del altar, dedicado a la ascensión a los cielos de San Carlos, es obra de Alberto Camesina y Maximilian Brokoff... junto con el privilegiado entorno que la rodea, en plena Karlsplatz, el conjunto constituye, en mi humilde opinión, la que podría considerase la iglesia más hermosa de toda la Cristiandad...
Seguramente, la mejor foto que jamás realicé en mi vida en una máquina de carrete fue aquella instantánea que en julio de 1993 tomé de la Karlskirche rodeada de preciosos setos en flor... nunca, hasta la llegada de las técnicas digitales pude soñar en reptir algo así, con la luz, tan especial y única de aquel día, y sin los andamios que estos últimos años han afeado tanto el interior como el exterior del templo, aunque fuera en benficio de su idónea conservación. Un edificio irrepetible, erigido en memoria de un personaje no menos singular y merecedor del mayor de los homenajes en su recuerdo. Hay otros grandes acontecimientos que conmemorar cada 4 de noviembre, pero a mí ninguno me llena de tanta alegría y júbilo como referirme a éste.